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El Pentágono transmitirá por streaming el fusilamiento de Nidal Hasan, condenado por el ataque en Fort Hood

El 9 de octubre, el Pentágono anunció que transmitirá por streaming la ejecución de Nidal Malik Hasan, excomandante del Ejército de Estados Unidos condenado por matar a 13 soldados en 2009. La decisión reabre el debate sobre las ejecuciones públicas, prohibidas en el país desde 1938.

El 9 de octubre, el Pentágono anunció que transmitirá por streaming el fusilamiento de Nidal Malik Hasan, excomandante y psiquiatra del Ejército de Estados Unidos. Hasan fue condenado por matar a 13 soldados e herir a otros 32 en la base militar de Fort Hood en 2009. Su ejecución está prevista para el 3 de diciembre en Texas.

La oficina de derechos humanos de la ONU declaró a la agencia AFP que la transmisión equivaldría a una ejecución pública y violaría la prohibición absoluta de la tortura. El senador demócrata Chris Murphy dijo a CNN que la idea era «repugnante». Alonzo Lunsford, exsargento que recibió siete disparos durante el ataque, dijo a la BBC que el fusilamiento es un método «apropiado», que las familias y los sobrevivientes deberían poder verlo y que quiere que Hasan lo mire a los ojos: «Quiero que sepa que fracasó. Yo sigo aquí».

La última ejecución pública en Estados Unidos se realizó el 14 de agosto de 1936 en Owensboro, Kentucky. Ese día fue ahorcado Rainey Bethea, un joven afroamericano de 22 años condenado por la violación de Lischia Edwards, una mujer blanca de 70 años. La ejecución reunió a una multitud que algunas fuentes calcularon en 20.000 personas. Los diarios de la época describieron el hecho como un «carnaval de sadismo».

Bethea confesó el crimen, pero después se retractó varias veces. La policía sostuvo que la descripción que dio de los hechos les permitió encontrar las joyas robadas, por lo que no prestaron atención a su retractación. Fue acusado y condenado por violación, pero nunca por homicidio. Una ley de Kentucky de 1920 establecía que los condenados por violación debían ser ahorcados.

La ejecución fue supervisada por Florence Thompson, alguacil de 44 años, viuda y madre de cuatro hijos, que había asumido el cargo pocas semanas antes tras la muerte de su marido. La prensa anunció que sería la primera mujer en ejecutar una sentencia de muerte en Estados Unidos. Thompson delegó la tarea en Arthur Hash, expolicía de Louisville que se había ofrecido a accionar la trampa.

El New York Times publicó el 21 de agosto de 1936 que «las costumbres y la moral de Kentucky» mostraron un «carnaval de sadismo» durante la ejecución. El diario describió que «los cazadores de recuerdos se abalanzaron hacia adelante mientras bajaban el cuerpo del negro y le arrancaron la capucha negra de la muerte de la cabeza antes de que fuera declarado muerto».

Michael L. Radelet, profesor de la Universidad de Colorado Boulder, explicó a The Associated Press que, antes de la televisión, había pocas opciones de entretenimiento, por lo que la gente asistía a las ejecuciones «simplemente por espectáculo». Padres y maestros llevaban a los chicos para darles una lección. «En lugar de promover la santidad de la vida y la solemnidad de la circunstancia, con personas aplaudiendo y creando un ambiente de carnaval, eso realmente disgustó a la gente», dijo.

En 1937 hubo otro ahorcado en Estados Unidos, Roscoe «Red» Jackson, condenado en Missouri, colgado ante unas 500 personas. El acceso estuvo limitado mediante el reparto de entradas. Por eso se habla de Bethea como la última gran ejecución pública. En 1938, el gobernador de Kentucky firmó una ley que prohibió definitivamente la práctica.

Desde entonces, las ejecuciones en Estados Unidos se realizaron a puertas cerradas. La excepción más cercana fue la de Timothy McVeigh, autor del atentado de Oklahoma City en 1995 en el que murieron 168 personas. Su ejecución, en 2001, se transmitió por circuito cerrado a un grupo de sobrevivientes y familiares. Unas 2000 personas podían acceder a la transmisión, pero solo alrededor de 230 decidieron verla.

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