La escritora colombiana Lina María Parra Ochoa presentó en Buenos Aires su tercer libro de cuentos, ‘Una cosa salvaje que conoce la muerte’ (Concreto Editorial, 2026). En entrevista, se refirió a la presencia de la violencia en la vida cotidiana, la tradición literaria latinoamericana y el proceso de escritura de sus relatos.
La escritora colombiana Lina María Parra Ochoa presentó en Buenos Aires su libro de cuentos Una cosa salvaje que conoce la muerte (Concreto Editorial, 2026). El volumen reúne trece relatos que, según la contratapa, abordan “el horror más absoluto” en la “silenciosa impunidad de nuestra propia cotidianidad”.
Nacida en Medellín, Parra Ochoa es licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad Pontificia Bolivariana y magíster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Leiden. Publicó la novela La mano que cura y los libros de cuentos La mala postura y Llorar sobre la leche derramada.
En diálogo con Clarín, la autora afirmó que prefiere el cuento como forma de escritura: “Amo el cuento y me siento cómoda escribiéndolo: se me ocurren cuentos a partir de frases o imágenes, es como un tic interiorizado”. Respecto de la valoración del cuento frente a la novela, sostuvo: “Suele pensarse que la novela da más prestigio, se vende más y recibe premios con mayor dinero. Algunos creen que el cuento es solo entrenamiento o incluso infantil, pero yo no estoy de acuerdo”.
Consultada sobre un posible diálogo con la obra de Gabriel García Márquez, respondió: “Es innegable. A mí me gusta mucho la literatura de Gabo y he aprendido mucho de ella”. También mencionó la influencia de Juan Rulfo: “Yo amo a Rulfo”. Y agregó: “Cuando escribo bebo de una tradición oral, de historias y de supersticiones y de creencias que, en su momento, también fueron alimento de ellos”.
Sobre el carácter crudo de sus relatos, Parra Ochoa declaró: “No busco la provocación. Esas imágenes que parecen extremas existen; la escritura es mostrar lo que ya está, con otra luz”. Como ejemplo, mencionó que en el primer cuento las curas de Afra son reales: “Aún hoy a las niñas les dan polvo de escarabajo negro para curar el asma”.
En cuanto a la presencia de la muerte en su obra, explicó: “En mis cuentos, la idea de la muerte aparece como una presencia”. Y mencionó el cuento “Mal de Tierra”, sobre un arquitecto que construye caletas para narcotraficantes: “Él está vivo, pero es una especie de guardián de la muerte”.
Respecto de lo esotérico, señaló: “En mi vida soy muy científica y poco creyente. Dejo una puertica abierta a la duda porque me divierte el misterio”. Y concluyó: “Tengo fe en la imaginación, que es brutal y te libera”.
Sobre el miedo y el silencio, afirmó: “El caso de Afra muestra que no siempre es posible enfrentarse al monstruo. A veces, por miedo o amenazas, la gente calla; no es simple decisión, es algo que te supera”. Y agregó: “Me interesa no juzgar: un personaje puede huir para salvar su vida”.
Finalmente, sobre el objetivo de su literatura, sostuvo: “Mi intención no es solamente denunciar la violencia, porque eso ya está muy hablado, sino tomar a estos personajes, que de diferentes maneras se enfrentan al monstruo”. Y definió: “El monstruo sería esta cosa múltiple que es la violencia en Colombia, ¿cierto? La violencia paramilitar, la violencia del narcotráfico, la violencia de las bandas criminales”.
“Es cómo se cuela la violencia en la vida. Cómo nos afecta, porque no es algo que está allá afuera, sino que es parte de tu piel, de tus brazos”, concluyó.
