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miércoles, 17 junio, 2026
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La toma del barco Justine: Güemes y sus jinetes en la reconquista de Buenos Aires

En agosto de 1806, durante la reconquista de Buenos Aires, el joven oficial Martín Miguel de Güemes lideró una carga de caballería contra un buque británico varado en el Río de la Plata, logrando su rendición.

A fines de 1805, en el contexto de las Guerras Napoleónicas, España previó un ataque británico a sus colonias americanas. El Virrey Rafael de Sobremonte ordenó concentrar tropas en Buenos Aires para defender el puerto, entre ellas el batallón a cargo del salteño Martín Miguel de Güemes, de 21 años.

El operativo no tuvo éxito: la flota británica al mando de William Carr Beresford desembarcó en Quilmes en junio de 1806 y tomó Buenos Aires, ciudad de la que el virrey ya había huido.

Pese a su edad, Güemes tenía siete años de experiencia armada y fue puesto al mando de la caballería de los Blandengues de la Frontera para participar en la Reconquista liderada por Santiago de Liniers.

En agosto de 1806, las tropas criollas y españolas avanzaban sobre Buenos Aires. El barco inglés Justine, un mercante reacondicionado con 18 cañones y una tripulación de más de 100 hombres, navegaba cerca de la costa, a la altura del actual barrio de Retiro. Su misión era cañonear las posiciones criollas para cubrir la retirada británica.

El 12 de agosto, una fuerte sudestada y una violenta bajante del río hicieron encallar al Justine en un banco de arena, a unos 300 metros de la costa. Liniers ordenó a Güemes: «Vaya y rinda a ese barco».

Güemes reunió a sus hombres y se dirigieron al río. El agua les llegaba al pecho a los caballos. Los marinos ingleses vieron a los jinetes acercarse. Debido a la inclinación del barco varado, los cañones no podían apuntar hacia abajo. Güemes y sus hombres rodearon el casco, treparon por las cuerdas y, tras un intercambio de disparos y combate cuerpo a cuerpo en cubierta, el capitán del Justine ordenó arriar la bandera y se rindió.

El botín de guerra incluyó cañones, fusiles Brown Bess, pólvora, sables, víveres, ropa y dinero en monedas de plata. Los más de 100 oficiales y marineros fueron trasladados como prisioneros.

El parte militar de Liniers destacó el «arrojo inaudito y su audacia ante un peligro inminente» del joven alférez, quien fue ascendido a Teniente de Granaderos. En los registros del almirantazgo británico, la pérdida del Justine figura como un «accidente de la naturaleza» provocado por el río.

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