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Los laberintos del frente anti Milei: la discusión sobre sus límites y oportunidades

La caída en la imagen de Javier Milei abre una oportunidad para el peronismo, que busca ordenarse bajo un liderazgo claro mientras evalúa alianzas más allá de Unión por la Patria.

Buenos Aires, 26 abril (NA) – La pendiente hacia abajo en las mediciones sobre la imagen de Javier Milei le ofrecen al peronismo la oportunidad de volver a sacar la cabeza a la superficie, siempre y cuando logre ordenarse debajo de un liderazgo claro, sin disputas internas que le devuelvan a la sociedad el reflejo de un club de aficionados adictos al poder. El mapa del peronismo es, por el contrario, una geografía accidentada, de mucha fragmentación, donde el único faro que asoma con alguna aspiración real de esbozar una alternativa, esto es, Axel Kicillof, es torpemente bombardeado por una secta que vive en un estado de negación eterna.

El gobernador bonaerense no anunció su candidatura presidencial pero no necesita hacerlo explícitamente para que todo el sistema político funcione como si ya hubiera formalizado el asunto. Son muchas las señales que tácitamente el gobernador fue dando en ese sentido, pero la pregunta es si le alcanzará la nafta para llegar al 2027 con chances de sostener su candidatura, siendo que gobierna una provincia estructuralmente inviable desde el punto de vista fiscal, y que encima arrastra la maldición de Dardo Rocha.

No es el único peronista con intención de subirse a la carrera presidencial: desde el Frente Renovador buscan convencer a su jefe, Sergio Massa, para que vaya por la tercera candidatura presidencial en su carrera política. En un partido de fútbol en San Vicente, Massa fue DT del combinado del Frente Renovador que enfrentó en el césped a un grupo de intendentes peronistas, entre los que estaban Federico Otermín (Lomas de Zamora), Federico Achával (Pilar), Tano Menéndez (Merlo), Gastón Granados (Ezeiza) y Nicolás Mantegazza (San Vicente). Los massistas le pidieron que vaya “por la tercera”, pero el ex intendente de Tigre se acercó a Otermín y Achával y les dijo que había una interna por resolver con ellos, dando a entender que su cabeza estaba en la provincia y no en la Nación.

El tercer aspirante al sillón de Rivadavia en el peronismo es Sergio Uñac, quien semanas atrás se juntó con la presidenta del PJ, Cristina Kirchner, en San José 1111, y le planteó la necesidad de resolver la candidatura presidencial del PJ en internas. La ex presidenta escuchó y avaló implícitamente el planteo del ex gobernador sanjuanino, porque su accionar político está dirigido a dejar correr cualquier idea que obligue a Kicillof a negociar con ella, extorsión a la que el gobernador por ahora no se está prestando.

Al margen de las obligaciones de su gestión, en esta etapa, el ex ministro de Economía está desarrollando un trabajo político a dos puntas: por un lado consolidar y ampliar su espacio propio en todo el país (Movimiento Derecho al Futuro) y por el otro empezar a sondear alianzas más allá de los contornos de lo que hoy se enmarca en Unión por la Patria, con el objetivo de construir una gran “frente anti Milei”. Al encabezar la primera reunión del consejo partidario del PJ bonaerense, el gobernador clarificó qué piensa para esta primera etapa de construcción política. “Estamos en una etapa de construcción en la que tenemos que ampliarnos hacia sectores económicos, sociales y culturales que muchas veces nos han sido adversos”, sostuvo Kicillof.

Con ese espíritu fue que recibió la semana anterior a dos dirigentes recordados por haber sido espadas legislativas del macrismo durante el Gobierno de Cambiemos, como Emilio Monzó y Nicolás Massot. Ellos dos forman parte del mismo equipo de trabajo que también integra Miguel Pichetto, quien se convenció de que la opción de la avenida del medio ya fracasó en la Argentina, y que el país va hacia una polarización total. De un polo está Milei y en el otro polo al diputado de Encuentro Federal le gustaría ver a una alternativa de centro moderada, capitalista, con perfil productivista.

Monzó y Massot fueron en primera persona a evaluar si Kicillof podría encarnar esta alternativa, o si seguía siendo el mismo ministro rebelde del segundo gobierno de Cristina Kirchner. Según sus propias declaraciones, se llevaron la impresión de un gobernador “con los pies en la tierra”, alejado de los dogmas. A Pichetto, sin embargo, no le gustó que el gobernador fuera a una convención progresista en Barcelona, rodeándose de líderes de centroizquierda de América Latina y España. “No es el tipo de inserción internacional que me gusta. Creo que tenemos que tener una visión de cercanía con Estados Unidos, que no quiere decir subordinación”, señalaron cerca del veterano ex senador. “Además creo que tenemos que terminar con estas cosas del impuesto a las grandes fortunas, o la cuestión del género y los movimientos piqueteros”, agregaron las fuentes consultadas por la Agencia Noticias Argentinas.

A Cristina Kirchner le dijo lo mismo cuando la visitó semanas atrás en San José 1111. “Ella escuchó y entiende más de lo que muchos creen”, apuntaron las fuentes cercanas al ex candidato a vicepresidente de Mauricio Macri. Más allá de los desencantados del PRO, Kicillof también tiene contactos con otros sectores.

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