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Tres escritoras abrieron el debate en la Feria del Libro con una charla entre política y literatura

En el inicio de la 50ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada y Leila Guerriero protagonizaron un diálogo que combinó reflexiones literarias, críticas sociales y posicionamientos políticos.

Buenos Aires, 23 abril (NA) – La apertura formal de la 50ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires derivó en una conversación entre las escritoras Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada y Leila Guerriero, quienes abordaron temas vinculados a la literatura, el lenguaje y el contexto social, en un intercambio atravesado también por definiciones políticas.

La charla tuvo lugar inmediatamente después del tenso discurso del secretario de Cultura de la Nación, Leandro Cifelli, interrumpido por abucheos y protestas, en un clima que marcó el pulso de la jornada inaugural y que también se filtró en las intervenciones de las autoras. Bajo la coordinación de la periodista María O’Donnell, el encuentro reemplazó el tradicional discurso de apertura a cargo de un único autor.

Desde el inicio, Cabezón Cámara imprimió un tono militante al mostrar una consigna estampada en su camisa: “El agua vale más que todo”. “La Ley de Glaciares no se toca”, explicó antes de leer un texto de carácter poético en defensa de ese recurso natural y convocar a una movilización prevista para el sábado. Durante ese tramo, tanto Almada como Guerriero acompañaron el gesto levantando carteles alusivos, ilustrados por Maitena, en una escena que combinó intervención artística y posicionamiento público.

Luego, la conversación se desplazó hacia los ejes propuestos: los procesos de escritura, las lecturas formativas y los cruces con otras disciplinas. Uno de los puntos centrales fue el rechazo a la categoría de “literatura femenina”, que las tres autoras cuestionaron de manera explícita. “No me gusta, es algo de gueto”, sostuvo Guerriero, aunque destacó la creciente visibilidad de las mujeres en el ámbito editorial. En la misma línea, Cabezón Cámara señaló: “Parece rarísimo tener que aclararlo: las mujeres somos seres humanos y los seres humanos escribimos”, y amplió la discusión hacia la subrepresentación de otros sectores.

El rol de la lectura como derecho fue otro de los ejes destacados. “La lectura es un derecho”, afirmó Almada, quien vinculó esa idea con su experiencia en la escuela pública y advirtió sobre el deterioro del sistema educativo. “En estos días, donde la educación pública está cada vez más desmantelada y los sueldos de los docentes son miserables, eso vulnera el derecho a la lectura de niñas y niños”, sostuvo. En esa línea, Cabezón Cámara afirmó que “la lectura me salvó la vida” y la definió como una herramienta para ampliar horizontes y construir alternativas. “Te ayuda a pensar que siempre hay otros mundos posibles”, dijo. Guerriero, por su parte, recordó su formación en bibliotecas populares y describió la lectura como “una vida paralela” que permite acceder a conocimientos inesperados.

El intercambio también incluyó reflexiones sobre el clima social y el uso del lenguaje en el espacio público. Guerriero advirtió sobre una “sociedad infectada por el desprecio” y cuestionó la promoción de discursos hostiles desde el poder. “La degradación es peligro”, afirmó, y propuso como respuesta el uso del sarcasmo y la ironía en lugar de la confrontación directa. Cabezón Cámara definió el presente con una expresión contundente: “necro grotesco”, al referirse a las formas de violencia que atraviesan la realidad contemporánea. Almada, en tanto, llamó a ejercer una escritura más cuidadosa frente a ese contexto. “Cuando desde el poder se es tan descuidado con el lenguaje, eso habilita ese mismo desprecio en la sociedad”, señaló. “El desafío para quienes escribimos es hacer un esfuerzo por ser amorosos”, concluyó Almada, en una intervención que fue acompañada por aplausos del público.

La conversación, que combinó reflexión literaria y posicionamiento político, se inscribió así en una jornada inaugural marcada por la tensión, pero también por la centralidad del debate cultural en el principal evento editorial del país.

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