A menos de tres meses de que expire el último plazo razonable para concretarlos, la disputa política en la provincia de Buenos Aires se organiza en torno de dos expedientes clave para definir el diseño del poder que se abrirá en 2027: la continuidad o no de las PASO y la supervivencia o la caída del límite de dos reelecciones para los intendentes.
A menos de tres meses de que, con la llegada de fin de año, expire el último plazo razonable para concretarlos, la disputa política en la provincia se organiza hoy en torno de dos expedientes clave para definir el diseño del poder que se abrirá en 2027: la continuidad o no de las PASO y la supervivencia o la caída del límite de dos reelecciones para los intendentes. Curiosamente, en ambos casos, las disputas internas, tanto en el gobierno nacional como en el peronismo, juegan un rol determinante, como quedó en claro en algunos episodios que animaron la crónica partidaria de la semana.
Operativo por primera vez en las elecciones del año próximo luego de ser prorrogado dos veces, el tope de las reelecciones se transformó en una pieza más de la disputa sin fin entre kicillofistas y camporistas. El gobernador apoya la voluntad de los intendentes de eliminarlo desde que estos se volvieron el sustento primario de su proyecto presidencial. El cristinismo se mantiene ambiguo: plantea que para dar respaldo, Kicillof debe sumarlos a una mesa donde se discuta el calendario electoral del año que viene y también avanzar con la cobertura de las cuatro vacantes de la Corte Suprema, demandas que son calificadas de «extorsivas» en Gobernación.
Claro que la eventualidad de una marcha atrás con el límite a las re-re es una cuestión que excede al peronismo -hay 51 alcaldes de ese partido que no podrán presentarse, pero también 16 radicales, 7 PRO, 5 vecinalistas y el libertario Diego Valenzuela- pero en ninguna otra fuerza el tema está tan imbricado con la definición de su propio futuro. Y la prueba se dio esta semana, cuando un sector de MDF hizo circular una advertencia fuerte: si el camporismo sigue condicionando el respaldo, ellos a su vez le quitarían el apoyo a Máximo Kirchner para asumir en el Congreso del PJ, el órgano que define nada menos que la estrategia electoral del partido.
La jugada implicaba desconocer el pacto que en febrero permitió a Kicillof acceder a la presidencia del Consejo -el órgano ejecutivo- del PJ y fue rápidamente desautorizada por el propio gobernador, aunque dejó en un limbo la fecha de concreción de la asunción. Pero además quedó flotando la sensación de que el tema no está terminado. «Vamos a ir hasta el límite y los vamos a exponer en su negativa a acompañar a los intendentes», dicen en el MDF en alusión al camporismo. La cuestión, claro, no está desconectada de la pelea por la sucesión de Kicillof, un sillón en el que aspiran a sentarse varios alcaldes.
El episodio reelecciones se combinó con otro para construir el enésimo pico de tensión interna. Este segundo hecho es en realidad una doble definición, que pronunció Carlos Bianco, mano derecha política del gobernador, en una entrevista periodística. Dijo que 1) Una eventual habilitación de la ONU para que Cristina Kirchner pueda ser candidata pese a la condena en su contra no sería vinculante para la justicia argentina 2) Aun en el caso en que la Expresidenta resultara habilitada, Kicillof evaluaría si presentar o no una candidatura propia. Algo que, señaló, recién se definirá el año que viene.
Fue una estocada al corazón de la estrategia cristinista, que desde San José 1111 respondieron con una acusación fuerte: «Carlos, te estás convirtiendo en un obstáculo para la unidad nacional», le mandaron a decir al exsenador Martín Doñate. ¿Qué límite cruzó el funcionario que justifique ese tono elevado? Nunca antes había estado tan cerca de aceptar lo que muchos le piden a Kicillof que asuma en forma explícita: el desafío electoral implica una puja de fondo por la conducción. No se puede una cosa sin la otra. O al menos, no se puede por ahora. Y seguirá así al menos hasta marzo.
PASO a PASO
La cuestión de las PASO es la otra gran incógnita que debería resolverse en estos meses, ya que como en el caso de las reelecciones implica cambios al esquema electoral. Visto desde PBA, este segundo asunto parece más importante por lo que impide que por lo que asegura: impide, o mejor complica al extremo, una resolución de la interna peronista que conserve al final la unidad. Pero además, es un dato central para definir el cronograma: sin PASO nacional -o sin PASO obligatoria, es decir con «PAS» según la idea que se reflotó en las últimas horas- el desdoblamiento en la Provincia pierde una objeción técnica importante.
Milei quiere avanzar y Diego Santilli hace esfuerzos para que eso ocurra antes de fin de mes. La Corte reavivó esperanzas: al rehabilitar la vigencia de los límites a la venta de tierras para extranjeros una semana después de quitarlos -una pirueta político-jurídica en la que dejó jirones de credibilidad- descomprimió un escenario parlamentario que exigía al oficialismo atención para frenar la avanzada que se había desatado contra el decreto 70/23 y liberó esfuerzo para centrarse en el esquema electoral, que exige una ley específica.
Pero aquí los gobernadores son la clave. Y el problema es que el contexto no ayuda a galvanizar apoyos. El momento económico no es bueno -la recesión parece una realidad que las estadísticas confirmarán en breve- y los números de las encuestas se lo hace pagar al presidente. Para colmo, las perspectivas de recuperación inmediata no aparecen y flota un clima de incertidumbre sobre la situación del ministro de Economía, Luis Caputo, que se agravó con su faltazo a la reunión de gabinete a la que Milei llevó a un economista -Alberto Ades- que critica su plan.
En provincia esa falta de incentivos para un acuerdo rápido ralentiza además las conversaciones para avanzar en el pacto con PRO. La cuestión se conversó en un encuentro de intendentes que se hizo el jueves en Vicente López. Allí, varios mostraron encuestas en las que el presidente aparece varios puntos por debajo de ellos mismos en sus distritos. Es lo opuesto a lo que ocurría el año pasado. Con un agregado: en PRO no ven con malos ojos que se mantengan las PASO en suelo bonaerense. Sobre todo para delimitar candidaturas en ciudades donde gobierna el peronismo, como Bahía Blanca, y tanto ellos como LLA creen tener el mejor candidato.
Fuente: Agencia DIB.
