La actriz protagoniza ‘Juan se alquila’, la nueva producción de Flow, y en una entrevista con LA NACION se refirió a su personaje, su carrera y su presente personal.
A los 10 años comenzó a estudiar teatro. Tres años después realizó su primer casting y, desde entonces, construyó una carrera que ya lleva casi tres décadas y que ella misma define como atravesada por una gran cuota de suerte. “No puedo dejar de actuar porque es una vocación muy a flor de piel (…) Siempre tengo la necesidad de actuar”, declaró Gimena Accardi a LA NACION durante el rodaje de Juan se alquila, la nueva apuesta de Flow para el próximo año.
Esa persistencia de quienes hacen del escenario una forma de vida es uno de los ejes centrales de esta serie, producida por Frame, en la que la actriz comparte pantalla con Nicolás Furtado. Dirigida por Fernando Alcalde, la historia pone al intérprete uruguayo en el papel de Juan, un actor de teatro independiente que, ante las deudas y la falta de público, encuentra una manera de ganarse la vida: alquilar sus dotes actorales para resolver problemas de otras personas en la vida real. Así, episodio tras episodio, se transforma en distintos personajes —un novio sustituto, un amigo arrepentido o un empleado infiltrado— para actuar en situaciones absurdas.
Accardi interpreta a Maite, una mujer que trabaja en el área de Operaciones de VittaCorp, una empresa de bebidas saludables dirigida por Savoré (Luis Machín). Allí se involucra sentimentalmente con Juan cuando este ingresa bajo la identidad de Jaime Pacheco, el nuevo gerente de marketing, con la misión de escuchar lo que el equipo dice del presidente de la compañía. “Cuando descubre que Juan no es quien decía ser y que su presencia en la empresa forma parte de una puesta en escena, Maite se siente traicionada”, anticipó la actriz sobre su personaje, que se convierte en el vínculo afectivo más real de este actor dentro de un mundo donde casi todo es actuación.
Al igual que su personaje, Accardi vivió un desamor importante. Después de 18 años en pareja con Nicolás Vázquez, los actores se separaron. “Seguí con mi vida como lo venía haciendo: trabajando, intentando ser feliz con el día a día, con la simpleza de las cosas”, contó sobre cómo atravesó este año de cambios y transformaciones personales.
—¿Cómo definirías a Maite, tu personaje?
—Maite es una mujer independiente, muy fuerte, carismática, un poco sin vergüenza, que viene de un desamor muy grande con su expareja. Le rompieron el corazón y un poco el alma, así que le cuesta entregarse y confiar. En el camino llega este seductor —que interpreta a un falso empleado dentro de la empresa donde ella trabaja— y hay un flechazo, así que para ella es como una nueva oportunidad de amar. Pero después la realidad sale a la luz.
—Veo algunas similitudes con tu vida personal porque vos sos muy carismática, siempre estás con energía positiva, también venís de una ruptura amorosa importante… ¿Qué sentís que compartís con Maite?
—Sí, hay algo de esa energía que decís y del no tener demasiada vergüenza ni mucho reparo en decir lo que piensa. Maite es bastante directa, así que en eso hay similitudes. Después hay algo del mundo empresarial que está completamente alejado de mí, pero que me divierte mucho actuar que es la oficina, las computadoras; algo que nunca en mi vida hice, pero me divierte.
—¿Qué fue lo que más te atrapó de este proyecto?
—Para mí están buenísimos los guiones; es una serie muy divertida. Además, tiene un elencazo y las actuaciones son brillantes. Que haya un buen casting donde todos se puedan sentir identificados me parece clave a la hora de ver una serie. El personaje de Nico es bárbaro. Es el típico papel que queremos hacer todos los actores porque tenés todo tipo de personajes en una misma serie, entonces eso hace que labures tu instrumento mucho más.
—¿Cómo fue compartir el set con él? Es la primera vez que trabajan juntos, ¿no?
—Sí, es la primera vez. Nico es un amor. Es muy agradable a la hora de trabajar, muy abierto a escuchar. Tuvimos una etapa de ensayos para proponer cosas, armar las escenas, ver por dónde convenía que fueran; así que se laburó mucho en equipo.
—La serie muestra lo que atraviesan los actores a la hora de golpear puertas, de enfrentarse a los “no”, que seguramente son muchos más que los “sí”… ¿Fue difícil tu camino?
—No, la verdad que tuve muchísima suerte. Yo empecé a estudiar teatro a los 10 años, a los 13 fui a mi primer casting y quedé. O sea que, literalmente, mi caso es de una suerte total. Entiendo que es un privilegio y que no sucede habitualmente; soy parte del porcentaje menor. Y después no paré más. Hace 27 años que laburo. Agarré la época de la televisión donde había muchas novelas; entonces saltaba de una a otra, al mediodía, a la tarde, a la noche. Hice todos los horarios, todos los canales, todas las productoras, así que en ese sentido tuve muchísima suerte; no es lo normal. Después entré en el mundo teatral e hice 10 años consecutivos de obras muy exitosas.
—¿Y qué pasa cuando un proyecto no tiene la repercusión que uno espera?
—Recontra pasa. Sobre todo, me ha pasado en algunas novelas que no tuvieron el éxito esperado, pero es re parte del aprendizaje. De hecho, tiene que pasar. Creo que esos lugares “no exitosos” (donde no se llega a la expectativa o al número de rating previsto) también hacen que crezcas, que aprendas, que entiendas. Creo que en esos proyectos reconocés la frustración de que algo puede no funcionar, entendés qué cosas se pueden mejorar o qué quiere la gente.
—¿Harías lo que Juan hace en la serie si no tuvieras trabajo?
—Nooo, se me notaría en la cara [risas]. Pero es verdad que no puedo dejar de actuar porque es una vocación muy a flor de piel. Yo, cuando paso mucho tiempo sin actuar, es como que “me actúo encima” [risas]; siempre tengo la necesidad de actuar. Y también creo que siempre hay espacios para hacerlo. No todo son series, películas o teatro. Hay un montón de actores en plazas, en las esquinas, en un semáforo… Artistas a la gorra que, si bien se están ganando el mango, hay en ellos algo del arte que no se puede evitar cuando lo sentís. Es un don. Actuar, cantar, bailar, pintar; siempre encontrás el espacio para hacerlo aunque no sea en los espacios mainstream.
—Cuando sale a la luz que Jaime no es quien dice ser, tu personaje lo siente como una traición. ¿Cómo te llevás vos con ese sentimiento en tu vida, ya sea una traición amorosa, entre amigos o en el trabajo?
—Gracias a Dios es una palabra que no tengo cerca. Tal vez soy demasiado intuitiva y me doy cuenta de en quién depositar mi confianza y en quién no. O, tal vez, tuve mucha suerte como creo que tengo en la vida; la suerte es algo que me abraza. No he tenido momentos de traición en mis vínculos ni en mis amistades, ni en lo familiar, ni en mi vida amorosa. Siempre tuve gente alrededor muy hermosa que, lejos de traicionarme, me hizo sentir muy amada.
—Venís de un año turbulento con muchos cambios a nivel personal, ¿cuál fue la clave para salir adelante?
—Seguí con mi vida como lo venía haciendo: trabajando, intentando ser feliz con el día a día, con la simpleza de las cosas. Cuando puedo tomarme un descanso y viajar, lo hago. Cuando puedo estar con amigos, lo estoy. Disfruto cada momento.
—¿Cómo está ese corazón hoy?
—Está bien [risas].
—¿Estamos en condiciones de confirmar algo (en referencia a los rumores de romance con Seven Kayne)?
—Nada para confirmar; solo que estoy muy bien.
