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martes, 26 mayo, 2026
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Cómo abordar la selectividad alimentaria en niños: estrategias para una dieta variada

Especialistas del Hospital Ramón Carrillo y de INUMI detallan las causas de la alimentación restrictiva en niños y ofrecen pautas para ampliar la variedad de alimentos sin forzar el consumo.

La selectividad alimentaria en niños es un fenómeno frecuente que puede derivar en déficits nutricionales, incluso cuando el volumen de comida ingerido es suficiente. Así lo señalaron especialistas consultadas en el marco de un análisis sobre las causas y estrategias para superar este patrón.

Lucía De Nobili, magister en Nutrición Materno Infantil y nutricionista del Hospital Ramón Carrillo, indicó: “En el consultorio, es frecuente encontrar niños cuya dieta gira en torno a un grupo muy reducido de alimentos: fideos, pollo rebozado, galletitas o lácteos. Aunque el volumen ingerido sea suficiente, la falta de variedad limita el aporte de nutrientes esenciales”.

Entre los nutrientes críticos que pueden verse afectados se encuentran proteínas, calcio, hierro, vitamina B12, zinc y ácidos grasos esenciales. La monotonía alimentaria, explicó Irina Kovalskys, médica pediatra y directora médica de INUMI, “no siempre responde a caprichos. Es el resultado de la interacción entre factores biológicos propios del desarrollo y aspectos conductuales que se consolidan en el entorno familiar”.

Desde lo biológico, la neofobia alimentaria –rechazo a alimentos nuevos– suele aparecer entre los 2 y 6 años como mecanismo de protección evolutivo. También influyen la sensibilidad sensorial (rechazo a texturas, colores u olores) y la familiaridad, que refuerza patrones repetitivos. En el ámbito familiar, la presión para comer, los menús fijos y la falta de rutinas pueden consolidar la selectividad.

Las especialistas propusieron estrategias basadas en exposición repetida (ofrecer un alimento entre 8 y 15 veces sin forzar), transiciones graduales desde alimentos aceptados, evitar presiones o negociaciones, establecer rutinas claras en la mesa sin pantallas, y fomentar la participación del niño en la preparación de comidas. También sugirieron adaptar texturas y presentaciones, y recurrir a apoyo nutricional con suplementos cuando sea necesario.

“En cada niño funcionará más una u otra estrategia, pero lo importante es probar y ser consistente. En conjunto, estas estrategias apuntan a algo central: construir una relación positiva con la comida”, concluyeron De Nobili y Kovalskys.

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