La falta de submarinos operativos y la obsolescencia de gran parte de su flota plantean desafíos para la defensa del extenso territorio marítimo nacional. Se analiza una propuesta italiana como solución a corto plazo.
La Armada Argentina enfrenta un complejo escenario operativo, caracterizado por la falta de submarinos aptos para misiones de patrullaje y disuasión en su vasta área de responsabilidad en el Atlántico Sur. Según análisis del estado de la flota, de un total de 42 buques, solo alrededor de 18 se encuentran en condiciones de navegar.
La situación se agravó tras la pérdida del submarino ARA San Juan, una unidad clave para la vigilancia. Actualmente, el ARA Salta, de la década de 1970, es el único submarino disponible, aunque su función se limita principalmente al entrenamiento. Esta limitación impacta en la capacidad de controlar actividades como la pesca ilegal y en la postura disuasiva en una región de sensibilidad geopolítica.
En este contexto, ha tomado relevancia una propuesta de Italia para proveer submarinos de segunda mano, como los de la clase Sauro o modelos más modernos como los U212. Esta alternativa se presenta como una solución pragmática y de rápida implementación para cubrir la brecha operativa actual, con un costo significativamente menor que la adquisición de unidades nuevas.
No obstante, la opción genera debates internos. Algunos sectores prefieren tecnología naval de Francia o Alemania y señalan posibles desventajas, como la dependencia de repuestos italianos y una vida útil limitada de las unidades usadas. Paralelamente, existen programas de largo plazo que buscan desarrollar capacidades para la construcción de submarinos en astilleros nacionales, posiblemente en asociación con otros países.
El debate se enmarca en un escenario presupuestario ajustado, donde la mayor parte de los fondos se destina a salarios y pensiones, dejando recursos limitados para mantenimiento, combustible y modernización.
