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viernes, 27 marzo, 2026
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Morosidad récord y auge de dólares digitales: la doble señal

El sistema financiero argentino exhibe dos tendencias contrapuestas que, según expertos, reflejan una misma tensión estructural. Por un lado, la capacidad de pago de los deudores se deteriora marcadamente, con índices de mora que tocan máximos en más de veinte años para la banca y superan el 40% en algunos créditos comerciales. Por el otro, los dólares digitales o stablecoins consolidan su presencia como alternativa de reserva de valor y medio de pago, alejándose de la percepción de activo especulativo para convertirse en infraestructura financiera cotidiana.

El crédito bajo presión

Los datos oficiales y privados pintan un cuadro complejo para el mercado crediticio. En el segmento bancario, la morosidad se ubica en torno al 10.6%, un nivel no visto en décadas. El panorama es aún más crítico fuera de la banca tradicional: las carteras de crédito de fintechs y otras entidades no bancarias presentan una tasa de irregularidad del 23.9%. Un caso extremo lo ilustran las cadenas de electrodomésticos, donde se estima que la mora promedio escaló del 14% a aproximadamente el 41% en poco más de un año.

Este deterioro responde a un cóctel de factores que incluye tasas de interés elevadas, un poder adquisitivo que no logra recuperarse por completo y un consumo doméstico debilitado. Las consecuencias son concretas: las entidades incrementan las reservas por deudas incobrables, endurecen los requisitos para otorgar nuevos préstamos y aplican tasas más altas en las refinanciaciones, lo que contrae el acceso al financiamiento.

La alternativa digital gana terreno

Mientras el crédito formal se resiente, las stablecoins –criptoactivos cuyo valor está vinculado al dólar estadounidense– experimentan una adopción masiva. Argentina se posiciona como uno de los líderes globales en este mercado, ocupando el segundo lugar en volumen de transacciones en América Latina, con movimientos que superan los 90 mil millones de dólares en períodos recientes.

«Las stablecoins representan más del 60% del volumen en cadenas de bloques en mercados emergentes con contextos similares», señala María Fernanda Juppet, CEO de una exchange local. «La penetración que tienen en Argentina es sorprendentemente alta y avanzada en comparación con la región», agrega, destacando que su uso ya no es meramente especulativo.

Más que una cobertura cambiaria

Los analistas subrayan que el fenómeno trasciende la búsqueda de refugio ante la volatilidad monetaria. Las stablecoins están siendo adoptadas como canal operativo para flujos como pagos freelance, remesas y transferencias, gracias a atributos como la disponibilidad permanente, la liquidación inmediata y una arquitectura global que reduce costos y fricciones.

Este avance señala una creciente «desintermediación» en los usos cotidianos del dinero. Una parte de los usuarios y negocios ya no espera soluciones dentro del circuito tradicional y migra activamente hacia alternativas digitales para ahorrar, cobrar y pagar.

Un termómetro de la salud financiera

La lectura conjunta de ambos indicadores –morosidad al alza y adopción creciente de criptoactivos estables– sugiere que el sistema financiero tradicional enfrenta dificultades para cumplir de manera simultánea y eficiente sus roles clásicos: ser canal de crédito accesible, reserva de valor confiable y plataforma ágil de pagos.

«Las stablecoins actúan como un termómetro de la salud del sistema financiero», explica Juppet. «Cuando su adopción crece con fuerza en entornos como el argentino, suele indicar que existen necesidades urgentes que la banca tradicional no está satisfaciendo plenamente». Esta tendencia, aunque particularmente visible en Argentina debido a su contexto inflacionario y de restricción crediticia, se inscribe en un movimiento global de búsqueda de alternativas en mercados emergentes.

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