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viernes, 1 mayo, 2026
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Terapia hiperbárica: ¿milagro médico o moda de bienestar sin sustento?

En el universo del bienestar de alta gama, donde conviven crioterapias y saunas de infrarrojos, la terapia de oxígeno hiperbárico (TOHB) ha emergido como la última promesa para supuestamente ralentizar el envejecimiento y potenciar el rendimiento. Originalmente diseñada para tratar afecciones médicas específicas como la enfermedad por descompresión en buzos o la intoxicación por monóxido de carbono, su migración hacia las clínicas de estética y el mercado de consumo directo genera un intenso debate entre la comunidad médica.

De tratamiento médico a producto de lujo

El mecanismo médico de la terapia es conocido: en una cámara presurizada, el paciente respira oxígeno puro, lo que incrementa significativamente la cantidad de este gas disuelto en el plasma sanguíneo. Esto favorece la oxigenación de tejidos dañados, estimula la formación de nuevos vasos sanguíneos y activa procesos de reparación celular. Por ello, está aprobada para tratar heridas complejas, lesiones por radiación y otros cuadros específicos, siempre bajo supervisión médica en hospitales o centros especializados.

Sin embargo, en los últimos años, figuras públicas como los deportistas LeBron James y Novak Djokovic, o influyentes en el mundo del ‘biohacking’, han popularizado su uso para fines muy distintos: recuperación deportiva acelerada, mejora de la función cerebral y, sobre todo, como un supuesto elixir de longevidad. Esto ha impulsado la venta de cámaras portátiles por internet y la apertura de clínicas que ofrecen sesiones con promesas que van más allá de lo avalado por la ciencia.

La advertencia de los investigadores

«El término ‘bienestar’ le otorga una legitimidad no probada a ciertas prácticas, y eso puede ser peligroso», advierte el Dr. Shai Efrati, investigador israelí cuyos estudios suelen ser citados para justificar estos usos. Efrati aclara que, si bien su equipo ha publicado trabajos que muestran cambios a nivel celular —como el alargamiento de telómeros o la reducción de células senescentes en pequeños grupos de estudio—, estos hallazgos no equivalen a demostrar que las personas vivirán más años. «Jamás usaría la palabra longevidad», sentencia.

Los protocolos de investigación, explica, son estrictos: sesiones diarias de 90 minutos durante meses, en cámaras de acero hospitalarias y con oxígeno al 100%. «Calificaría a muchas de las cámaras blandas comerciales como simples sacos llenos de aire», comenta, subrayando que no hay garantía de que equipos diferentes o protocolos menos rigurosos produzcan efecto alguno.

Riesgos y regulación difusa

El auge de esta moda no está exento de peligros. En 2025, dos incidentes mortales por incendio en cámaras de oxígeno —uno de ellos involucrando a un niño— expusieron los graves riesgos de seguridad cuando los equipos no son manejados correctamente o carecen de los debidos controles. Mientras que los dispositivos hiperbáricos con fines médicos requieren la aprobación de agencias como la FDA estadounidense, aquellos comercializados para «bienestar» o «mejora del rendimiento» operan en un vacío regulatorio más amplio.

La Dra. Kinjal Sethuraman, del Centro Médico de la Universidad de Maryland, recalca que la investigación sobre los beneficios cosméticos o antienvejecimiento de la TOHB está aún en etapas muy preliminares. «Muchas afirmaciones provienen de estudios pequeños o incluso en cultivos celulares, no en personas. Incluso replicando un protocolo exacto, los resultados no están garantizados», explica.

La conclusión de los expertos es clara: la terapia de oxígeno hiperbárico es una herramienta médica valiosa para indicaciones concretas, pero su transformación en un producto milagroso de bienestar carece del respaldo científico necesario y puede exponer a los usuarios a riesgos innecesarios, tanto económicos como para su salud.

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