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jueves, 30 abril, 2026
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A 50 años del golpe: la memoria en disputa y el legado democrático

El 24 de marzo, al cumplirse medio siglo del último golpe militar, la Plaza de Mayo fue nuevamente epicentro de un masivo acto de repudio. Sin embargo, el escenario evidenció una puja por la interpretación del pasado, donde distintos sectores intentaron imponer su relato, alejándose en ocasiones del consenso democrático básico que condena el terrorismo de Estado.

La disputa por el significado de la fecha

Lejos de constituir un espacio unificado de memoria, el acto mostró las tensiones que persisten en la interpretación de la historia reciente. Desde el oficialismo, un video gubernamental centró sus críticas en organismos de derechos humanos, en una polémica maniobra discursiva. Por otro lado, algunas intervenciones, como la del gobernador Axel Kicillof pidiendo la libertad de Cristina Fernández de Kirchner, introdujeron una agenda partidaria en una jornada destinada al recuerdo de las víctimas.

Este fenómeno reactualiza una discusión de fondo: quiénes son los legítimos portadores de la memoria y qué versión del «Nunca Más» prevalece. La sociedad civil en su conjunto, que mayoritariamente respaldó el retorno a la democracia con su voto en 1983, parece quedar a menudo relegada en narrativas que privilegian a actores específicos.

Alfonsín y el proyecto republicano

El análisis de los hechos reabre el debate sobre el legado del primer presidente democrático tras la dictadura, Raúl Alfonsín. Su figura y su concepción de una democracia basada en instituciones, separación de poderes y garantías constitucionales son hoy revisitadas. Alfonsín demostró que era posible llenar la Plaza de Mayo con una convocatoria civil y republicana, desmitificando la idea de que solo el peronismo y los sindicatos tenían capacidad de movilización.

Los actores de la defensa de los derechos humanos

La resistencia a la dictadura y la construcción de la democracia contó con una pluralidad de actores. La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), fundada en 1975, reunió a figuras de extracciones diversas: desde el radical Raúl Alfonsín y la socialista Alicia Moreau de Justo, hasta referentes religiosos como el rabino Marshall Meyer y los obispos Jaime de Nevares y Carlos Gattinoni, junto a personalidades como René Favaloro y Alfredo Bravo.

Tras la recuperación democrática, el movimiento de derechos humanos también experimentó divisiones. En 1986, las Madres de Plaza de Mayo se escindieron en dos líneas: la encabezada por Hebe de Bonafini, con un perfil más confrontativo y político, y la Línea Fundadora, abocada a la búsqueda institucional y jurídica de verdad y justicia.

La democracia como valor central

Un punto crucial que emerge del análisis histórico es que tanto la cúpula militar como los comandantes de las organizaciones guerrilleras de la época no tenían a la democracia como un valor central. La dictadura, antes de secuestrar personas, secuestró el sistema de gobierno y las garantías constitucionales, creando las condiciones para los crímenes de lesa humanidad.

Por ello, los analistas subrayan que el verdadero protagonista de la recuperación democrática fue la sociedad argentina en su conjunto, que, una vez conocidas las atrocidades, retiró su apoyo a la dictadura y exigió elecciones. Este proceso culminó con el histórico triunfo alfonsinista de 1983, que representó un rechazo mayoritario tanto al autoritarismo militar como a la oferta política que aceptaba la autoamnistía.

Memoria completa y acto de Estado

Frente a los intentos de apropiación parcial de la historia, surgen voces que reclaman una conmemoración que refleje la amplitud del «Nunca Más». Idealmente, un acto representativo a 50 años del golpe debería haber sido un acto de Estado, organizado por el gobierno y con la participación de todos los partidos políticos con compromiso democrático, honrando a las víctimas y reafirmando los valores republicanos por los que se luchó.

La discusión sobre la memoria, lejos de estar saldada, se revela como un campo en permanente disputa, donde el riesgo de la instrumentalización política sigue presente. El desafío sigue siendo construir una memoria completa, que no omita a ninguno de sus verdaderos protagonistas y que fortalezca los cimientos de la democracia.

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