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Coincidencias entre Milei, Massa y Bullrich, y la vuelta de Domingo Cavallo

El mito del cambio es eso, un mito

Los políticos, maestros en el ingenio para la supervivencia, han logrado enloquecer a los opinadores. Les hacen creer que en la Argentina se vive un cambio de fondo, un cambio de época, el derrumbe de las estructuras y métodos tradicionales de organizarse la vida pública. Sin embargo, el proceso electoral avanza hacia el 22 de octubre por los carriles más convencionales que puedan imaginarse.

Las tres fórmulas competitivas disputan detalles de estilo, cortes de pelo, spots, ocurrencias, casting de eventuales ministros. Pero todos respaldan un mismo programa. Nada los diferencia y eso explica que se pasen el tiempo aclarando que no tienen nada que ver con sus adversarios, cuando eso debería suponerse zanjado.

El macrismo puro ya no sabe qué imaginar para despegarse del reproche de que son una avanzada pulcra de Milei. Tarde se dan cuenta de que si Cambiemos pierde el PRO será el responsable de la derrota. Pudieron mejorar su chance si no se hubieran embarcado en unas primarias tóxicas que los dividieron y les hicieron perder en las PASO.

Patricia Bullrich acentúa sus críticas a ese dead man walking que es el llamado kirchnerismo -el peronismo que gobierna-. Sergio Massa se divierte con noticias que hablan de cómo tiene gente propia en las listas de Milei, después de contaminarlo a Horacio Rodríguez Larreta. El jefe porteño no soportó las críticas de Macri y de Patricia de que estaba contaminado de massismo. Con eso perdió la candidatura.

Los candidatos siguen al público

El programa que une a los candidatos es el que apoya el público en la Argentina desde 2015, cuando ganó Cambiemos el gobierno nacional; con ese mismo programa hicieron campaña en 2019 Alberto Fernández y también Macri-Pichetto; y en 2021 lo llevaron quienes ganaron las legislativas.

En este turno lo han hecho propio Massa, Bullrich y Milei. Es ir hacia una economía más abierta, desregulada, sin déficit, sin inflación, sin subsidios. Quien quiera tener poder en la Argentina debe identificarse con esa agenda, que es la que respaldan las clases medias que viven y votan en los grandes distritos.

Todos esperan el nuevo libro que prepara José Dromi sobre la crisis que se viene, que es la crisis de los contratos públicos. Será un conflicto tan grave como fue la crisis de la deuda en los años ’80 y la de los subsidios en este siglo. En esta elección han quedado fuera de carrera quienes se diferenciaron de esa agenda.

Cristina de Kirchner no pudo ni amagar con ser candidata. Se autoproscribió, con la fantasía de que estaba condenada en juicios que no han terminado. Juan Grabois, otro disruptor, sacó 5,85% de los votos del lema que integró con Massa, que alcanzó el 21,43%. Tanta coincidencia hubo en esa agenda que el voto se distribuyó en tres tercios con pequeñas diferencias. Milei sacó 456.303 votos más que Bullrich, que obtuvo apenas 176.899 más que Massa.

La coincidencia en la agenda es un mérito de los políticos en el esfuerzo de representar a la sociedad. Todo van para allá, no por convicción, sino porque allí están los votos. Queda en cuestión ese otro lugar común que afirma que en la Argentina hay una crisis de la representación. Por el contrario, el sistema es sólido y asegura alternancias pacíficas como en pocos lugares del mundo, porque el público se siente representado por los partidos que están dentro del sistema.

Si el público del país mal gobernado lanza el mensaje “Si estos fracasan, mejor que nos gobierne un marciano”, es por otra razón. Es física política, no crisis de representación. Hasta el marciano ejerce una representación genuina (con perdón de Leopoldo).

En Mendoza cualquier resultado se festeja

Este panorama hace previsible que sea cual fuera el resultado del 22 de octubre nada cambiará mucho en la Argentina. Ninguno de los eventuales ganadores mostrará grandes diferencias con los perdedores que, seguramente, se acomodarán en un escenario de pensamiento único en torno al diagnóstico. Todos creen que el problema de la Argentina es económico. Y que la solución es acercarse con más eficiencia y contracción a la agenda de la economía desregulada.

Massa y el peronismo ya protagonizan un ajuste de los números que prepara esa música. Milei promete hacerlo a los gritos y Bullrich con moderación. Quien espere crispaciones, que mire hacia otro lado. Acá no ocurrirá. Es explicable, por este panorama de conformismo generalizado, que la campaña transcurra como un torneo de ocurrencias personales más que de ideas.

El resultado de este domingo en Mendoza es un ejemplo. Con cualquier número final que tuviese la elección de gobernador, Cambiemos festeja que retiene un distrito. Suma, en lo que va del año, a un mapa que le vaticina a Cambiemos una novedad notable: haber trasladado el éxito que tuvieron sus elecciones nacionales a la agenda provincial, teñida hasta ese momento de peronismo.

Ganó en 2015 la presidencia, y en 2019 triunfó en la categoría presidente, aun perdiendo, en 5 de los 7 distritos más grandes -sólo perdió en Buenos Aires y Tucumán-. ¿Fue un resultado de algún éxito en la economía? Entre 2015-2019 la gestión económica fue desastrosa, y después de 2019 no han manejado nada.

Tampoco insistir en que el problema de la Argentina es económico ofrece un diagnóstico solvente para explicar todo. Parece un triunfo de la política, que resiste al hecho de que, en términos contables, el peronismo de las provincias terminó el ejercicio 2022 con superávit fiscal. Si la economía dominase a la política, los gobernadores que arriesgaron el puesto y perdieron, habrían conservado los cargos.

Y eso que entre ellos están las figuras fuertes del peronismo del interior: Rodríguez Saá, Capitanich, Uñac, Manzur, Perotti. Cualquiera de ellos hubiera lucido en una fórmula nacional del peronismo mejor que la dupla Massa-Rossi. Y quedaron en el camino.

Disipan poder como disipan riqueza

El resultado de Mendoza llevó a esa provincia este domingo a un seleccionado de dirigentes nacionales de Cambiemos. Los hubo radicales, como Mario Negri, convocado con entusiasmo por Cornejo, junto Maxi Abad y los locales Ernesto Sanz, valedor de la candidatura de Patricia, y Julio Cobos, padrino de Luis Petri, Soledad Carrizo, etc.

Del PRO, acompañó a la candidata el nexo más estrecho con el macrismo de Acassuso, Hernán Lombardi, y otros como Alex Campbell, presidente del bloque PRO de la cámara de Diputados de Buenos Aires, que viene del ala vidalista, y Laura Rodríguez Machado. También el silvestre José Luis Espert.

Patricia y Lombardi siguen este lunes hacia Jujuy, en donde esperan encontrar rastros de Gerardo Morales. Es el presidente de la UCR y Patricia busca reconciliarse con radicales y peronistas, castigados por Macri. Ya viajó a Olavarría y Bahía Blanca Miguel Pichetto. Lo de Mendoza es un empate de familia, disparates macristas, como el empate Grindetti-Santilli y el empate Jorge Macri-Lousteau. Frivolidades de la Argentina, que disipa poder como disipa riqueza.

El voto migrante, otro mito

En la previa de la reunión de la noche se preguntaban algunos sobre el beneficio que puede tener para Patricia mostrarse con el seleccionado de ex presidentes conservadores que llevó Macri a la Legislatura porteña, para un encuentro de la liga Libertad y Democracia. Hay una fantasía recurrente sobre el voto de inmigrantes regionales en el conurbano.

Hoy el gobierno del Paraguay lo combate a Massa como responsable del tarifazo en la Hidrovía. Esa crisis ha estallado sin final a la vista y es otro desentendimiento de gobiernos peronistas con los limítrofes. El último fue por las pasteras del Uruguay. Ahora es por la suba de las tarifas de la Hidrovía, negocio/caja que capturó Massa apenas asumió el ministerio de Economía.

Los funcionarios que se encargan de esa recaudación, señalados como del bando más cristinista que queda, están en la mira como responsables del aumento. Massa es, para el presidente paraguayo Santiago Peña, un mentiroso, y si eso puede mover votos para Cambiemos, lo van a aprovechar. Habrá que ver si los inmigrantes paraguayos, que en Buenos Aires votan para gobernador, le hacen caso. Porque esos inmigrantes han estado históricamente más cerca del antistronismo, es decir lejos de lo que Peña representa hoy.

Tranqui, la política es lo que parece

Se equivocan los animadores de la televisión de dos puntos de rating. Son los únicos que se equivocaron antes del 13 de agosto y ahora lloran sorpresas. Ocurrió lo que decían las encuestas, por lo menos acerca de Milei, que ocupaba ya un tercio de la opinión desde hacía un año. Se equivoca también quien crea que las elecciones son un sketch de televisión que transcurre en la pantalla. Es algo que pasa fuera del televisor.

Tranqui, la política es lo que parece. No hay misterios detrás del muro. Sencillo y complejo a la vez, porque los medios son el vehículo por el cual que se entera la gente de lo que pasa. Aunque es sólo una ventana, un ventiluz, se diría, de una realidad más ancha y ajena. En el fondo, este proceso electoral es lo más convencional y previsible que se pueda imaginar.

Pablo Gerchunoff se pregunta en estas horas si no estaremos ante «una burla cortoplacista de la historia que nos está escondiendo la diagonal reformista como verdadero motor de la transformación”. («Bretton Woods y después: Un ensayo sobre la encrucijada argentina» Nuevos Papeles, Set 2023). Esperemos, falta poco. Todo llega.

Distraídos por cierto cipayismo de manual, los exaltadores del mileísmo aprovechan el rebote de su leyenda fuera del país, como la aparición con el influencer de redes Tucker Carlson. Lo presentan como el video más visto de la historia. Si eso pesase en votos, Milei hubiera ganado por el 50% y Trump hubiera sido elegido en paz.

El atractivo del personaje es alto en el mundo que mira a nuestros países desde la óptica del realismo mágico que consagraron los novelistas del siglo pasado, tierra de dictadores extravagantes, fascistas, comunistas, maoístas. Con abogados, como los Castro que se disfrazaron con uniforme hasta su muerte o Maduro, que se puso uniforme de chofer de colectivo y lo resignificó, desde el poder, como si fuera un general.

El Norte compra realismo mágico

Las imágenes del mejor García Márquez narran lo que vio el explorador renacentista Antonio Pigafetta: «Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen».

¿Habrá visto quizás la motosierra volando? Los viajeros al primer mundo son interrogados sobre este mundo donde “donde las esteras vuelan, los muertos resucitan, los curas levitan tomando tazas de chocolate, las bobas suben al cielo en cuerpo y alma y los maricas se bañan en albercas de champaña, las muchachas aseguran a sus novios amarrándolos con un dogal de seda…” (carta de García Márquez a su amigo Plinio Apuleyo Mendoza del 22 de julio de 1967).

Los visitantes frecuentes al primer mundo deben responder sobre estos fenómenos de motosierra libre y si nacen por aquí niños con cola de cerdo (otra imagen del mundo Macondo), como preguntaban hace 30 años quién era el extraño de pelo largo, Carlos Menem. Esta semana le tocó responder a Domingo Cavallo (reivindicado por los tres candidatos como un mentor de la Argentina estable – de la convertibilidad de 1991 hasta el Tequila de 1994) en un viaje a Washington.

Cavallo juega con moderación y hace equilibrio entre Milei y Patricia. Sin decirlo, también Massa profesa las mismas ideas, aunque Cristina, ex cavallista de la primera hora, insiste en el travestismo de demonizarlo. Lo atendió durante el fin de semana: «Cavallo estatizó la deuda en pesos».

Un país con “manos, cerebros y granos”

La Argentina es un país importante, pacífico, con políticas de Estado que permanecen a lo largo del tiempo, con grandes servidores públicos, rico, y con “manos, cerebros y granos”, como dice Thomas Friedman sobre Ucrania («Un viaje a Ucrania aclara lo que está en juego. Y es enorme», Clarín, Sept. 19, 2023).

Arbitra zonas clave del mundo, equilibra la región por su posición estratégica (se da el lujo de no tener ejércitos), es el país que puso a la Argentina en el Vaticano, maneja con Rafael Grossi la política nuclear (es el Director General del Organismo Internacional de Energía Atómica), y tiene a Virginia Gamba en la atención de niños en zonas de guerra (es la Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas para la infancia y los conflictos armados), la selección campeona, los unicornios, la UBA entre las mejores de la región.

Luce además el sistema político más sólido del continente y quizá de Occidente, que asegura alternancia pacífica de gobiernos contrarios, y es gobernado por quien gana las elecciones. Está pésimamente gobernado porque se administra apenas el 50% de su riqueza y eso le hacer perder acreditación en cualquier orden de mérito o auditoría.

Pero vive de ese talento y esa riqueza informal que el Estado no ha podido formalizar nunca, ni en la edad de oro con la que sueña Archi Lanús («Aquel apogeo», libro de 2015), ni con lo que Yrigoyen llamaba el Estado Cautivo, ni con Roca-Runciman, ni con Perón que compró los ferrocarriles con las libras-lápiz acumuladas en Londres durante la guerra y la cosecha de 1948, ni en nuestra generación, la de la inflación creada por los gobiernos para gastar, recaudar y darle a la burguesía la sensación de abundancia.

Carlos Castagnetto (AFIP) dijo en estas horas que sólo en EE.UU. hay 450.000 millones de dólares de argentinos. Miguel Broda dijo antes que en el colchón esa cifra llega a los USD 600.000 millones. Viene del virreinato, que ya ponía el Estado contra el individuo, como ocurre hasta hoy con Kicillof y Massa. Pero, en fin, no hay mal que 100 años dure. Seguimos como Fierro y el gaucho Cruz huyendo hacia la línea de frontera para escaparle al Estado, aunque tengamos que convivir con la indiada.

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