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Por qué las nuevas drogas para adelgazar no funcionan «para siempre»

Kimmy Meinecke sintió culpa cuando dejó de adelgazar. Llevaba dos años recibiendo una inyección semanal de Ozempic para controlar la diabetes. La medicación le quitaba tanto el apetito que a veces lo único que comía para cenar era un yogur o queso con galletas. Pero un día, la balanza marcó 108, 11 kilos menos del peso con el que había empezado, y ahí se quedó.

Estaba encantada de que sus niveles de azúcar en sangre hubieran bajado, resultado que compensaba los efectos secundarios que experimentaba, como náuseas y ataques ocasionales de vértigo. Sin embargo, Meinecke, pastora en Spokane (Washington), esperaba perder más peso y mantenerlo durante más tiempo.

A su médico, sin embargo, no le sorprendió que llegara a una meseta. Todas las personas que toman medicamentos como Ozempic, Wegovy y Mounjaro llegan a ese punto.

«Si lo pensás bien, es algo positivo», dijo Robert Gabbay, director médico y científico de la Asociación Estadounidense de Diabetes. «Sería peligroso que siguieras adelgazando».

Pero los médicos sostienen que algunas personas buscan estos fármacos para perder el máximo peso posible y se sienten consternadas y desilusionadas cuando dejan de adelgazar. Algunos dejan de tomarlos cuando llegan a una meseta. Cuando lo hacen, tienden a recuperar el peso perdido.

«No se trata de la droga mágica que a la gente le gusta promocionar», señaló Meinecke, de 52 años.

Mesetas en la pérdida de peso

El cuerpo humano está hecho para luchar contra la pérdida de peso. Los cuerpos más pequeños suelen necesitar menos energía, por lo que el metabolismo reacciona ralentizándose a medida que se pierden kilos.

Según Scott Hagan, profesor adjunto de medicina de la Universidad de Washington que ha estudiado la obesidad, estos cambios reducen la cantidad de calorías que se queman cada día. Ésta es una de las razones por las que muchas personas recuperan algo de peso incluso después de una cirugía bariátrica o durante una restricción calórica intensa.

Medicamentos como el Ozempic imitan una hormona natural y ralentizan el vaciado del estómago, de modo que sentimos saciedad más rápido y durante más tiempo. También se dirigen a las zonas del cerebro que regulan el apetito, frenando los antojos. Pero sigue habiendo interrogantes sobre cómo funcionan exactamente, y eso incluye el motivo por el cual algunas personas alcanzan determinado punto con un peso u otro.

Otro problema es que no todo el mundo responde igual a este tipo de medicamentos. Según Hagan, en los ensayos clínicos con semaglutida, el compuesto de Ozempic y Wegovy, las personas diabéticas tendieron a perder menos peso y con menos rapidez que las que no padecían esta enfermedad. Un pequeño porcentaje de quienes toman estos fármacos no pierden peso en absoluto, añadió.

Expectativa vs. realidad

Andrew Kraftson, profesor clínico asociado de la división de metabolismo, endocrinología y diabetes de Michigan Medicine, dijo que la mayoría de las personas que toman estos medicamentos llegarán a una meseta alrededor de 18 meses después de iniciar el tratamiento.

Los pacientes suelen llegar con expectativas poco realistas, añadió, lo que da lugar a «conversaciones difíciles». Algunos acuden a él después de alcanzar la meseta, creyendo que el medicamento no estaba funcionando. «No hay pérdida de peso todo el tiempo», dijo.

Pero Kraftson señaló que, incluso si alguien todavía está técnicamente clasificado como persona con sobrepeso, su presión arterial y el colesterol podrían estar bajo control y su azúcar en sangre podría haber bajado por estar tomando la medicación.

«No pretendo convertirme en un destructor de sueños, pero a veces uno se pregunta cuál es el agujero que estamos tratando de llenar. ¿Y la pérdida de peso adicional realmente lo llenará?», agregó.

Trabajar para combatir la meseta

El peso de Gary Czaplewski se estancó unos seis meses después de empezar a tomar Wegovy en noviembre. Desde entonces, este detective privado de Milwaukee se ha preguntado a menudo si los beneficios de tomar la medicación compensaban los desafíos.

Czaplewski, de 49 años, perdió unos 15 kilos, pero la primera vez que aumentó la dosis sintió dolores punzantes, tan intensos que volvió a la clínica de adelgazamiento donde recibía las inyecciones asustado por la posibilidad de sufrir una pancreatitis. El tratamiento le cuesta 600 dólares por mes, que paga de su bolsillo, pero ya no le apetecen alimentos como el flan.

Ha intentado aumentar el ejercicio para adelgazar más. «Me ha costado más de lo que esperaba –comentó–. Pensaba que perdería peso más fácilmente y durante más tiempo».

Cuando los pacientes no están satisfechos con su pérdida de peso, a los médicos les quedan pocas opciones, explicó Kraftson. Pueden intentar añadir otra medicación, pero eso podría sumar un nuevo grupo de efectos secundarios e interacciones. Pueden instar a los pacientes a que restrinjan aún más su ingesta de alimentos y a que hagan más ejercicio, pero eso puede dar lugar a conductas alimentarias desordenadas y ser un reto para aquellos que comen tan poco al principio mientras toman estos medicamentos.

«Uno puede decirle a alguien que va a perder un 15% de su peso potencialmente con Ozempic o Wegovy», dijo. «Pero una vez que llegan al 15%, no es que dicen: ‘Ah, ahora estoy satisfecho, genial’».

The New York Times. Especial para Clarín

Traducción: Elisa Carnelli

AS

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