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Hace 50 años, el Fondo le prestaba al país menos de lo esperado y desmentía los anuncios de Economía

Economía de No Ficción. En 1975 y 1976 las noticias de afuera desvirtuaron anuncios de Economía y del BCRA. En marzo de 1976 el gobierno peronista habla con el FMI y lanza una devaluación selectiva. El default parece cercano, decían los diarios.

“Vuelve del FMI la misión financiera”, tituló Clarín en marzo de 1976. “Pero no informó sobre sus gestiones”, decía más abajo.

La noticia contaba que el equipo económico de la presidenta Isabel Perón traía bajo el brazo un auxilio económico menor que el que los funcionarios habían dejado trascender.

“Con el regreso de Washington del Presidente del Banco Central, doctor Eduardo Zalduendo, hoy a Buenos Aires, quedarán confirmadas o desmentidas las versiones en torno de los créditos que el aludido funcionario gestionó y obtuvo del Fondo Monetario Internacional, con cuyas autoridades negoció durante toda la corriente semana (…) Los cables del exterior indican que el funcionario habría obtenido del FMI el crédito por la caída de exportaciones por la sequía, que asciende a unos US$110 millones y en cambio no habría logrado el préstamo correspondiente a las facilidades petroleras. Tampoco el organismo liberaría el primer tramo de crédito que el FMI acuerda a sus países miembros por US$130 millones. Las informaciones del exterior desvirtúan el reciente anuncio oficial según el cual la misión presidida por Zalduendo gestionaría en la capital estadounidense el primer tramo de crédito del FMI. Restan fundamento a informaciones oficiosas difundidas días atrás en el Ministerio de Economía en el sentido de que se habría presentado al Fondo la documentación para obtener el préstamo por facilidades petroleras, salvo que el requerimiento de esta cuota fuera rechazado por el FMI”.

Y efectivamente terminaría siendo así luego de que el exministro de Economía Antonio Cafiero, a finales de 1975, fracasara en su intento de llevar adelante esta modificación a cambio de avanzar con un pedido que le había formulado el FMI arriba de la mesa: sancionar en el Congreso una reforma tributaria. Algo que no logró él en 1975 y tampoco meses más tarde.

Cafiero fue ministro de Economía de septiembre de 1975 a febrero de 1976. Viajó al FMI, pidió plata y negoció con Washington. Su viceministro fue Guido Di Tella, luego canciller con Menem.

“Mire, si no podemos acceder al primer tramo del stand by —reconoció Cafiero—, nos interesa este fondo especial que lanzó el FMI para amortiguar el impacto de la suba del precio del petróleo”. Cafiero le dijo al FMI que buscaba establecer una relación estrecha con Washington, “pero solicitó que le demos tiempo para ‘educar’ a los sindicatos”. Contó que su objetivo era bajar la inflación de 240% en los doce meses anteriores, a 65% para 1976, “recurriendo a la política monetaria y de ingresos y que gradualmente buscarían despejar las restricciones en el mercado cambiario y los múltiples tipos de cambio”.

El FMI le respondió al argentino que era política del organismo enviar una misión a un país para evaluar la posibilidad de hacer un desembolso, máxime luego de 3 años en los que ningún economista del Fondo había pisado suelo argentino. Cafiero insistió, habló de “las particularidades del caso argentino” y pidió que se reviera la situación. El organismo pidió algún tipo de acción prioritaria como una reforma fiscal.

Ante la resistencia del FMI, Cafiero contó días después a periodistas que estaba detrás de otros préstamos: “El país podría disponer de US$100 millones antes de fin de año del BID”. “Habrá también una operación con el Chase Manhattan Bank y detrás vienen otros privados. Una oferta árabe de US$3.000 millones”.

Nada de eso llegó. Cafiero renunció en febrero de 1976 y lo reemplazó Emilio Mondelli.

Las negociaciones con el FMI continuaron. El ministro preparó una misión a Washington y lanzó un programa económico.

“El plan Mondelli que procura encuadrarse en los criterios recomendados por el FMI a las naciones que padecen problemas de balance de pagos no satisfaría a los responsables del Fondo, presumiblemente por condicionamientos que le imprime la actual situación política”, contaba, asimismo, la crónica de Clarín de la fecha.

Además, el ministro de Economía Mondelli, en paralelo a las negociaciones con el FMI, había anunciado una devaluación selectiva que provocó críticas. “Rechazo a las normas cambiarias de industriales y exportadores”, tituló también el diario. “La perspectiva de la cesación de pagos parece cada vez más cercana”.

La agenda del Ministerio de Economía no fluía como la del resto del gobierno.

En la segunda semana de marzo de 1976 se leía en las crónicas desde el Ministerio de Economía. “Conscientes de que las decisiones corren por su cuenta de otros niveles de gobierno y habiendo elevado ya el plan económico al Poder Ejecutivo, los funcionarios del edificio de la calle Hipólito Yrigoyen dedicaron a otras tareas las jornadas del lunes y de ayer. Ni Mondelli ni el secretario de Programación y Coordinación Económica, Jorge Benalcázar, registraron su aparición por el Ministerio de Economía. La inactividad fue total”.

La historia ocurre dos veces, escribió Karl Marx, la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa.

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