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Luis Suárez, el «italiano nacido en España» al que le faltó reconocimiento: «Ahora se sabrá la leyenda que fue»

Decía Luis Suárez Miramontes (A Coruña, 1935 – Milán, 2023), fallecido este domingo a los 88 años de edad, que él era «un italiano nacido en España», una suerte de nacionalización que soltaba con su acostumbrada retranca para manifestar el cariño y reconocimiento que siempre tuvo en el país donde murió. Un estatus que no alcanzó en España, a pesar del Balón de Oro que logró en 1960 y que figura como la gran distinción individual masculina, a pesar del debate abierto por la condición de Di Stéfano como hispanoargentino.

A efectos de la gran difusión histórica, Luis Suárez era el único Balón de Oro español hasta que Alexia Putellas apareció para agrandar el palmarés por el lado del fútbol femenino. Cuando la capitana del FC Barcelona ganó el galardón, Suárez le dejó una frase que lleva grabada a fuego, tal y como aseguró cuando recibió por segunda vez el premio que otorga ‘France Football’: «Llevo en mi interior esta frase que me dijo: ‘Que este Balón de Oro no sea tu meta, sino tu salida’. Lo cogí como inspiración».

«Un Balón de Oro como persona»

El gallego se mereció, por su carrera, otro Balón de Oro. O incluso dos. Sobre todo el de 1964, cuando se coronó campeón de la Eurocopa con la selección española y campeón de Europa con el Inter de Milán. En esa edición quedó por segundo, detrás de Denis Law, del Manchester United. En 1961 también estuvo a las puertas de reeditar el mérito que había logrado un año antes. Las votaciones condecoraron a Omar Sívori (Juventus). En 1965, Suárez fue tercero y la distinción fue para el portugués Eusébio.

Luis Suárez Miramontes, durante el acto de entrega al Museo del FC Barcelona del Balón de Oro que alcanzó en 1960, cuando fue escogido mejor jugador de Europa. FC Barcelona

El ‘Arquitecto’, como le apodaban por su sensacional visión de juego y posicionamiento en el campo, está un punto por debajo del reconocimiento que merecía, tanto por sus glorias personales como colectivas. «No solo es una leyenda del fútbol mundial, es un Balón de Oro como persona. Amante de su fútbol y de cómo jugarlo. Ahora quizás se le haga justicia como futbolista«, escribía el exmadridista Michel González. La suya fue una de las primeras reacciones publicadas y permanecerá como una de las más reivindicativas. El ahora entrenador estuvo a las órdenes de Luis Suárez en la sub-21 y en la absoluta.

Con Luis Suárez, la generación de Míchel fue subcampeona de la Eurocopa en 1984, donde, como le ha sucedido este fin de semana al combinado de Santi Denia, perdió en la final ante Inglaterra. La quinta siguiente, en la que estaban SanchísEusebio o Quique Sánchez Flores, se sacó la espina al conseguir el título en 1986 frente a Italia, la patria de adopción de Luis Suárez. Allí, el gallego dirigió a la absoluta en el Mundial de 1990, cita en la que España perdió en octavos ante Yugoslavia. Lo hizo en un clima de feroces críticas, por lo que años después lamentaba: «Tenía que haberme quedado en la sub-21«.

La campaña de ‘Supergarcía’ en Italia 90

La campaña contra Suárez fue liderada por José María García y se desarrolló el el clima bélico que mantenía con José Ramón de la Morena. ‘Supergarcía’ acusó al preparador español de «haber vendido al equipo nacional a cambio de un plato de lentejas» tras desvelar que había firmado un acuerdo secreto con la Cadena Ser para comentar el Mundial.

De la Morena contraatacó y llamó a su igual en la Cope «Osama García», a quien acusó de tener sometida a toda la radio española. El de Brunete terminó suspendido de empleo y sueldo por negarse a pedir perdón. Tras Italia 90, la irregular fase de clasificación para la Eurocopa 1992, acentuó las críticas contra Suárez.

«El ‘Butano’ me echa. Os obliga, porque le tenéis miedo. No pasa nada, me voy a casa», dijo el seleccionador español en una despedida que supuso su adiós definitivo a los banquillos. Suárez, como en el resto de salidas abruptas que había vivido, se quedó con la satisfacción de «haber hecho lo que me gustaba, porque si hubiera sido carnicero no me habría ganado la vida. En la zona donde vivían mis padres no había dinero. Así que me llevo el haber sacado satisfacciones por todos los lados. Nunca creía que iba a lograr tanto».

Luisiño de Montealto y el Perseverancia

‘Luisiño’, ‘Luisito’ o ‘Luigi’, según la procedencia del que hable de él, fue un niño que creció en el popular barrio de Montealto, en A Coruña, con la intención de ser profesional sin ninguna oportunidad para ello. No parecía que de unas calles «en las que no teníamos ni balones para jugar» fuera a salir el primer Balón de Oro nacido en España. Sin embargo, el destino fue limando las figuras de poder que de modo u otro intentaron coartar a Suárez. Él siempre se comportó como el nombre del gran grupo de su barrio, los ‘Diplomáticos’ de Xurxo Souto. Sobrio y tenaz ante las adversidades.

Luis Suárez, segundo por la derecha en la fila inferior, en una alineación con el Deportivo. ARCHIVO LA OPINIÓN DE A CORUÑA

Influyó en su carácter lo vivido en el Perseverancia, su primer equipo, el que más le dio sin recibir nada a cambio. Este conjunto nació fruto de la mentalidad del Padre Carballo, un cura que buscaba una salida de la miseria para los jóvenes. El nombre del club evidenciaba el precepto fundamental por el que se movía.

Desde ahí pudo Luis Suárez soñar y dar el salto al Deportivo, quien llora la muerte «de una leyenda blanquiazul», donde con 18 años se hizo un hueco en una plantilla en la que militaban, entre otros, el también recientemente fallecido Arsenio Iglesias. Para ‘o raposo de Arteixo’, Suárez era «el mejor jugador de España de todas las épocas». Algo que ni por asomo supieron reconocerle ni siquiera cuando estaba en activo.

Silbado y enfrentado a la fuerza con Kubala

El FC Barcelona se lo llevó en 1954 como su gran apuesta, pero su etapa como azulgrana acabó siendo una cadena de sinsabores. Aunque Suárez era un futbolista adelantado a su época, tanto en juego como valores, acabó silbado y enfrentado con Kubala, a pesar de que siempre le ha considerado un gran amigo. En el Barça ganó el Balón de Oro «por su habilidad insuperable, visión privilegiada del juego y gran capacidad rematadora», como le definió el club en su pésame. Pero la herida de la final de la Copa de Europa perdida en Berna (1961), el debate sobre su titularidad y los continuos abucheos terminaron con su salida.

«A mí me echaron», lamentaba Luis Suárez, quien nunca dejó de seguir al conjunto azulgrana, del que comentaba sus partidos en Cadena Ser, ya completamente liberado del yugo que impone estar dentro del ejercicio futbolístico. El verdadero homenaje que se llevó vistiendo la elástica barcelonista fue la recepción del Balón de Oro, «que nada tenía que ver con lo que sucede ahora: ¡ni una cena te hacían! Te sacaban la foto y te ibas con el cacharro a casa».

Kubala, Pelé y Luis Suárez, durante un encuentro. FC BARCELONA

Un acento gallego que nunca perdió

Por suerte, apareció el Inter de Milán e Italia en su vida. Como en la mayoría de los cambios importantes en la vida de Suárez, por detrás estuvo la figura de Helenio Herrera. «Nunca habíamos visto a un profesional con unas actitudes tan serias. Un jugador que se limpiaba las botas después de jugar», comentaba Mario Corso, mito ‘interista’, en ‘Luis Suárez. Nuestro Balón de Oro’, documental publicado por Movistar +. Con los ‘nerazzurri’ conquistó dos Copas de Europa, entre muchas otras distinciones, y se le considera como la figura que cambió la historia del club. Y de paso, la suya propia.

«El jugador perfecto, quien con su talento inspiró a generaciones. Adiós, Luisito», comunicaba el Inter antes que ninguna otra fuente oficial, siendo portavoz del fallecimiento de un jugador que en un país ajeno fue considerado profeta. «Italia ha sido siempre nuestro hogar, porque allí nos sentimos reconocidos», defendía en el documental citado anteriormente uno de sus hijos.

Y a pesar de la disparidad o injusticia en la memoria, Luis Suárez, «el italiano nacido en España», siempre volvió a casa cuando fue requerido su auxilio. Tanto al Deportivo como a la selección. Su palabra nunca abandonó el hilo del acento gallego, con el que construía igualmente un perfecto italiano, que fusionaba las melodías de un jugador único, al que, como tantas figuras, la muerte le brindará el homenaje póstumo que se merece.

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