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Con reservas en rojo, el Gobierno viaja a los EE.UU en las próximas horas para liberar dólares del FMI

Una delegación de Economía partirá entre el martes y miércoles. Massa necesita fondos para pagar deuda y evitar una devaluación.

Una delegación del gobierno viajará a los EE.UU. en las próximas horas para intentar darle un cierre a las extendidas negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El jefe de asesores del ministerio de Economía, Leonardo Madcur, y el viceministro de esa cartera, Gabriel Rubinstein, buscarán rediseñar el accidentado programa y adelantar desembolsos que permitan llegar a las elecciones sin un salto discreto del dólar.

Según fuentes de Economía, los funcionarios viajarán entre el martes y el miércoles a Washington. Después de casi tres meses de negociaciones, tratarán de sellar un acuerdo técnico con el staff. «Hay que generar los dólares necesarios para pagarle al Fondo y no volver nunca más», dijo Sergio Massa la semana pasada en una charla, donde sugirió un endurecimiento del organismo, que habría exigido demorar la obra del gasoducto en Vaca Muerta.

El acuerdo técnico es el paso previo para que luego lo revise el directorio y, en caso de aprobarlo, libere desembolsos. En el calendario, estaban previstos US$ 4.000 millones en junio. La intención del equipo de Massa es que además haya un anticipo de hasta US$ 6.600 millones, equivalente a los fondos que restan en el segundo semestre, y se flexibilicen las metas de los próximos seis meses por el impacto de la sequía.

Todo esa discusión podría llevar dos semanas, una eternidad en medio de la sangría de dólares. El Gobierno pagó el viernes US$ 2.700 millones al organismo para evitar atrasos en los vencimientos, que ya habían sido postergados una semana. La operación incluyó, por primera vez, yuanes de libre disponibilidad y contó con el guiño del Fondo, desde donde afirmaron que «continúan» las negociaciones, sin dar señales sobre los tiempos.

El pago «sin usar dólares», cómo informó Economía, impactó igualmente en las arcas del Banco Central. Las consultoras estiman que las reservas netas ya se sitúan en terreno negativo por entre -US$ 3.000 y -US$ 5.000 millones. Un nivel que podría empeorar si el FMI no libera desembolsos para el próximo domingo, cuando vencen US$ 1.070 millones en bonos, US$ 750 millones de los cuales están en manos de acreedores privados.

Uno de los puntos sensibles es el tipo de cambio. El Fondo exige subir el dólar oficial ($ 256) para frenar la pérdida de divisas. Sin la ayuda del dólar soja, el Banco Central cerró junio con ventas por US$ 680 millones en el mercado de cambios y es el segundo peor primer semestre en los últimos 20 años, según Ecolatina. Pero Massa y Cristina Kirchner se resisten a devaluar por el impacto que tendría en los precios alimentos, con una pobreza rozando el 40%.

La comitiva oficial también busca que el FMI permita usar sus recursos para contener los dólares financieros durante las elecciones. Massa ya desafió al organismo a fines de abril, cuando en plena corrida decidió intervenir en ese mercado. La estrategia permitió que la brecha cambiaria promedio terminara la semana pasada debajo del 90% y el contado con liqui entre $ 481 y $ 495. Eso sí, el costo fue una caída de US$ 600 millones en las reservas en junio.

Por otra parte, el Gobierno necesita reformular el programa porque en el primer trimestre no alcanzó la mayoría de las metas y en el segundo, pese al dólar soja, habría incumplido la totalidad (acumulación de reservas netas, déficit primario y emisión monetaria). El segundo semestre, a su vez, será desafiante, ya que en los últimos 10 años el BCRA concluyó con ventas, salvo en tres ocasiones (2012, 2016 y 2022).

En otras palabras, la estabilidad cambiaria dependerá en buena parte de lo que se cierre en Washington. También el nivel de actividad y consumo. Massa redujo el gasto público un 7% real en los primeros cinco meses (incluidas las jubilaciones) y así todo las cuentas fiscales empeoraron por la pérdida de recaudación por la sequía. A lo que hay que sumar el regreso del déficit comercial y una caída de la actividad del 4,2% interanual en abril.

Con alta inflación (110%) y salarios corriendo por detrás de los precios, Massa necesita evitar ruidos con el dólar, pero también contener los precios. Cristina Kirchner le marcó la cancha la semana pasada en un acto al vincular la inflación con las ganancias de las empresas. “Hola qué tal, teléfono para el ministro, para el ministro y el candidato”, le dijo. Ahora, el ministro trabaja en nuevos congelamientos de precios y un «alivio» del impuesto a las Ganancias, mientras la CGT le prepara un acto para apoyar su candidatura.

AQ

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