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Boliden se sienta en el banquillo por Aznalcóllar 25 años después

El juzgado de de Primera Instancia número 11 de Sevilla comenzará este próximo martes el juicio contra la empresa sueca Boliden por el vertido tóxico de la mina de Aznalcóllar, que se produjo en abril de 1998, considerado el mayor desastre ecológico en Andalucía y por el que la Junta pide casi 90 millones de euros a la empresa minera sueca.

El juicio se desarrollará en seis sesiones que se celebrarán los días 4, 6, 11 y 13 de julio, con la posibilidad de ampliarse las fechas si es necesario, y contará con la declaración de doce testigos y un perito propuesto por las tres empresas que forman parte de Boliden (Boliden Apirsa, Boliden AB y Boliden BV), todas ellas demandadas, según se señaló en la vista previa el pasado mes de septiembre.

El juicio se celebrará después de que en la vista previa, tras no llegar a un acuerdo, las partes presentaran las pruebas correspondientes y defendieran sus posturas en el conflicto, en el que la Junta reclama 89.867.545 euros a la empresa minera por los daños ocasionados.

Los abogados de la Administración autonómica sostuvieron que están legitimados y que tienen la «obligación legal» de reclamar esta cantidad de acuerdo con la Ley de Minas, mientras la empresa asegura que la Junta se gastó la mitad del dinero que reclama en «un corredor verde» y no en paliar las consecuencias del vertido

La Junta presentó un extenso informe pericial sobre la restauración ambiental realizada en la zona que fue impugnado por Boliden al considerar que había sido realizado por funcionarios del propio Gobierno regional, es decir, parte interesada en el procedimiento, y que finalmente no admitió el juez.

La representación legal de la Junta argumenta que con la fractura de la balsa del complejo minero se vertieron cinco millones de metros cúbicos de lodo que llegaron al entorno de Doñana, hubo 37 toneladas de peces muertos y se vieron afectadas 4.400 hectáreas, por lo que reclama casi 90 millones de euros por la limpieza.

Por su parte, la empresa minera defiende que el Gobierno andaluz autorizó en 1996 el recrecimiento de la balsa que posteriormente se rompió y que ellos retiraron los lodos «de forma voluntaria», algo que les costó 80 millones de euros y que no fue cubierto por el seguro.

La reclamación de la factura al grupo sueco que explotaba la mina entonces lleva casi 25 años en un «peregrinaje judicial» -así lo definió el Supremo- que en 2015 volvió al punto de partida.

La vía penal -por la que un juzgado de Sanlúcar la Mayor llegó a imputar a una veintena de técnicos de Boliden, la Junta y el Ministerio de Medio Ambiente- se cerró pronto (en 2000 el juzgado la archivó y la Audiencia de Sevilla lo confirmó en 2001).

La Junta presentó entonces una demanda civil que cayó en el juzgado de instrucción 11 de Sevilla, que en 2002 la inadmitió declarándose incompetente (la Audiencia lo confirmó en 2003).

Ante ello, en 2004, el Consejo de Gobierno acordó imponer a Boliden una multa por los 89 millones para poder exigirla por la vía contencioso-administrativa, pero el grupo minero recurrió y tanto el TSJA (en 2007) como el Supremo (2011) le dieron la razón.

Cerradas todas las vías, la Junta planteó a la Sala de Conflictos de Competencias del Supremo cómo podía exigir el dinero a Boliden y esta dictó que por la vía civil y ordenó devolver el caso al juzgado 11 de Sevilla, que instruyó la primera demanda y que ahora ha fijado la fecha del juicio para el próximo año.

La riada tóxica afectó a 4.634 hectáreas, avanzó más de 60 km y fue frenada tres días más tarde, en Entremuros, donde se levantó un dique para evitar la entrada en Doñana del vertido.

El dique prolongó 28 km aguas abajo la denominada Nontaña del Río, un muro de tierra levantado en los años 80 del pasado siglo por los arroceros para defender los cultivos de la marea salina que sube del Guadalquivir.

Las actuaciones de la Junta de Andalucía y del Gobierno central para recuperar la zona pasaron por la retirada de lodos, expropiaciones forzosas, control e impermeabilización de la Marisma de Doñana, asistencia técnica, estudio de descontaminación, actuaciones de restauración ambiental y de riberas del río Guadiamar y control de aguas subterráneas.

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