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Emiliano Díaz, a corazón abierto con Clarín: «como futbolista sé que llegué a lugares por ser el hijo de Ramón» y «sueño volver a River solo»

La cita es Nordelta, donde un carpincho recibe a los visitantes. “Parecen perros”, bromea el dueño de casa mientras posa con una bahía cinematográfica de fondo. Emiliano Díaz está de paso en Buenos Aires, pendiente de su hermano Michael, protagonista de un accidente que le cambió la vida. Y también, cerca de su padre, Ramón, claro. “Ahora está con sus nietos”, cuenta el protagonista de esta entrevista con Clarín. Sí, esta vez no es su padre el principal foco de atención. A un puñado de días de cumplir 40 años, este napolitano de nacimiento -pero argentino de cepa riojana- habla de su futuro. ¿Llegó el momento de cortar el cordón con su viejo y lanzarse solo como técnico?

Yo creo que el próximo club es el último club en el vamos a trabajar juntos. Después, por el recorrido que tengo, me quiero dar una chance para saber si estoy preparado para dirigir solo. Pero yo nunca me sentí ayudante de campo con Ramón, salvo los primeros años. Después, siempre me dio un lugar increíble. Tuve la suerte de estar al lado de un grande y que me haya dado la posibilidad de equivocarme. Muchas veces me pasó y lo que te lleva a aprender son los errores”, dice entre mate y mate.

-¿Cómo es trabajar con tu viejo? ¿Si fallás te tira de las orejas? ¿Si acertás te lo reconoce?

-Es que tenemos una relación de amistad. Pero es duro porque las peleas son bravas. Él es un enfermo de ganar. No le interesa más que eso. Entonces, a todo el cuerpo técnico nos puso una vara tan alta que la línea es muy delgada. Cuando hay chispazos, son muy fuertes. Él me inculcó que ganar es lo único que importa. Y a veces se discute. Pero queda ahí porque es mi viejo y la relación sigue.

Emiliano y Ramón Díaz levantan la Copa del Rey de Arabia Saudita. (@aawsat_spt)

Emiliano y Ramón Díaz levantan la Copa del Rey de Arabia Saudita. (@aawsat_spt)

-Hace diez años que trabajan juntos. Deben haber peleado un montón de veces.

-(Suspira) Hubo momentos duros, que él se quería ir y yo no. O tomar las decisiones para dónde ir o no. Como en todo trabajo, más cuando son tantos años juntos, se discute. Pero nos complementamos bien.

-Ramón es un técnico de la vieja escuela. ¿Se aggiornó a esta modernidad del fútbol?

-Si no se aggiornaba, no podía seguir dirigiendo. No le quedó otra. El cambio generacional es grande. Hasta disfruta lo moderno, un montón de estructuras y cosas tácticas; el análisis, el post partido, las estadísticas… Aprendió a gozar esas cuestiones. El médico no para de estudiar en su vida y el entrenador es igual. Cada semestre, aparecen tácticas nuevas, formas de presionar, de salir y si no te acomodás, no durás.

-¿Quién tiene la última palabra?

-Varía. Generalmente, cuando intento corregir algo es en base a un análisis previo y le doy los argumentos, no es una persona necia. Todo es muy consensuado. No solo conmigo, también con su cuerpo técnico. Hay veces que dice «es por acá» y si lo ves muy convencido, tenés que buscarle la vuelta para decirle «sí» porque es algo que nosotros no vemos.

River, Demichelis y el futuro

El último club fue Al Hilal, el más popular de Arabia Saudita y un gigante de Asia. Dice que se enamoró del país y de la institución. Pero River es el tema dominante en la charla con Clarín.

-Cuando se fueron, llegó Marcelo Gallardo y ganó todo en River. ¿Se pusieron a pensar lo que podría haber pasado si seguían en el club?

-Y… son parte de las charlas que tuve con Ramón en ese momento. Yo no quería saber nada con irme de River y le dije: «Nos bancamos la peor de las peores y este grupo va a seguir ganando». Y me contestó: «Vos algún día vas a volver. Tenés que saber cuándo irte«. Yo creo que le pegó mucho el tema familiar conmigo porque fue un proceso duro para mí, se me cuestionó mucho, fue un año político del club. Yo tenía 30 años, era normal que se critique, podría haber tenido un ayudante con más experiencia y el loco se la jugó por mí. Eso lo desgastó. Me pidió que lo bancara, nos pegamos un abrazo y nos despedimos. La sufrí. Yo quería jugar algo internacional. Se lo dije a él y a D’Onofrio, al que le parecía que se le iba a venir el mundo abajo. Le dije a Rodolfo: «Quédese tranquilo, este grupo va a seguir ganando». Porque la presión con la que venía del ascenso se la sacamos. Era frustrante empatar o perder un partido antes de los campeonatos que conseguimos.

Emiliano y Ramón Díaz con el trofeo por el campeonato 2014. Después vendrían los títulos de Gallardo.

Emiliano y Ramón Díaz con el trofeo por el campeonato 2014. Después vendrían los títulos de Gallardo.

-Entonces no te sorprendió que River fuera campeón de aquella Sudamericana 2014.

-Para nada. Fue algo parecido a lo que pasó con la Copa América de Argentina. Se sacó una mochila tan pesada, que el grupo fluyó. Sobre toda, esa Sudamericana que se venía se palpaba que se podía ganar. Los grandes estaban muy bien, los nuevos se habían adaptado, la línea defensiva era una muralla, Manu (Lanzini) volaba, teníamos a Teo, Carbonero era un avión. “Por lo menos, a la final tenemos que llegar”, le decía. Era mi sueño. No tengo dudas de que algún día lo voy a cumplir.

-¿Estás convencido de que vas a volver a River?

-No tengo ninguna duda. O por lo menos trabajaré en el lugar que me toque con dos objetivos: volver a River o Al Hilal. Después de cuatro años, dije que íbamos a comer barro, pero que íbamos a volver. Es una meta que me propuse. Voy a dar la vida para cumplirla.

-¿Y vas a volver solo o con tu papá?

-Y… no sé los tiempos. Yo quiero que Micho sea más que Ramón, que Labruna y que Gallardo. Me parece una persona increíble y con una personalidad extraordinaria. No sé si Ramón va a dirigir 10 años más. Mi meta, a largo plazo, es volver solo.

Padre e hijo, en la pretemporada de River en el año 2013.

Padre e hijo, en la pretemporada de River en el año 2013.

-¿A Demichelis lo veías como entrenador?

-La verdad, estábamos en otra cosa. Éramos muy jóvenes. Disfrutábamos del club, de la vida. Nunca me puse a pensar en eso. Después, tuvimos una reunión para su regreso a River, pero él se fue al Atlético de Madrid o al Manchester City, no recuerdo bien. Y ya era un hombre. Se lo veía estructurado. Vi una persona totalmente diferente, más profesional, más maduro y ahora que veo lo que hace, me encanta. Volví a hablar con (Javier) Pinola, Poroto (Germán Lux), Alejandro Saccone… Tiene un gran cuerpo técnico, muy preparado, terrenal y «cero ego», algo difícil en River.

-Reemplazó a un técnico fuerte. ¿Se la jugaron los dirigentes con Demichelis?

-No sé si tanto, porque me senté media hora a hablar con él y la verdad, Micho es un entrenador del carajo. A veces, los técnicos nos creemos superhéroes porque nos ponen en un pedestal, cuando en realidad ese lugar es de los jugadores. Siempre dependés de ellos. Pero acá y en Europa es lo mismo. Micho es distinto. Me fui con una grata sensación después de verlo el otro día. En River siempre va a ser complejo cambiar el entrenador, porque tenés el 70% de los partidos ganados. Fue difícil cuando Martín agarró porque el club estaba bien, pero en la última etapa le estaba costando. Y él le puso su impronta y está haciendo un trabajo impresionante.

Emiliano, entre mate y mate, charlando con Clarín. Foto: Andrade Stracuzzi

Emiliano, entre mate y mate, charlando con Clarín. Foto: Andrade Stracuzzi

-¿Qué proyección le ves?

-Te digo lo que yo quiero ver, quiero que supere a todos porque lo quiero como ser humano y tuvo un gesto en estos tiempos, cuando pasó lo de mi hermano, que no se puede olvidar. Estaba solo, mi viejo se había venido para acá, y en esos momentos es duro. Y que un tipo que está manejando River se acuerde y me deje ese mensaje… Lo que suceda en el futuro será de acuerdo a lo que pase con la pelotita. Si pega en el palo y sale, sos un desastre, y si entra, sos Dios.

-¿Cómo encontraste a River diez años después?

-Los felicité a Rodolfo, que fue al gran inventor, y a Jorge (Brito) ahora, trabajar con ellos era muy cómodo, cualquier entrenador que venga, tiene que encajar con ellos. Ellos me hablaban hace 10 años lo que está pasando ahora. Lo del Monumental, lo de las copas internacionales, es grandioso.

-¿Dejarías la tranquilidad de Dubai para venir a esta Argentina compleja?

-Eso va a depender del momento en el que esté yo. Mis hijos están creciendo y para estar donde quiero estar tengo que demostrar en otro lado, más por el apellido que llevo. Ojalá de todo corazón que mejore esto. Porque es mi país y me duele verlo así. Por más que viva afuera, toda mi gente está acá. Uno trata de ayudar, pero a veces no se puede. Pero hablarlo hoy… Ojalá que cuando me toque volver, el país esté mejor. Por River sacrificamos un montón de cosas. Hemos estado un año sin cobrar y lo volveríamos a hacer, en River no estaríamos por lo económico. Y si el club está mal y el país se está prendiendo fuego, siento a mi mujer y mis hijos y les digo que River es mi primer amor.

Su prematuro retiro

Emiliano Díaz se retiró muy joven, cuando el almanaque no había llegado a sus 30 años. “Más allá de la pubalgia, estuve en lugares donde no merecía estar. Llegué a algunos clubes porque este loco me quiso llevar. ¿Para qué te voy a mentir? Estaba para jugar a otro nivel y después de la lesión, no aguanté más. Me agarró en All Boys, en el ascenso con Central. Después, me fui a Guaraní y exploté. Y ya veía que sufría todo mi entorno, vivía en la camilla, jugaba poco, la pasaba mal. Era mi sueño, pero mi familia sufría. Retirarme fue una de las decisiones que más me alivió. Me saqué la mochila, me fui vacío”, admite.

Emiliano compartió plantel con Angel David Comizzo.

Emiliano compartió plantel con Angel David Comizzo.

-¿Te convenció tu papá?

-Para nada, no se metió. Tampoco mi familia. Cuando estoy convencido de algo, no escucho. Lo único que me preguntó Ramón fue: «¿Estás seguro? Porque terminás y arranca otra etapa. Si vos estás decidido, se acabó».

-Dijiste que no estuviste a la altura de algunos clubes, casos River y San Lorenzo. ¿Jugaba consciente de eso? ¿O cuando tu viejo te dijo «vamos» ni lo dudaste?

-Ojo, a River no me llevó mi viejo. Me subió el Tolo (Gallego). Después, él me bajó a Reserva y volvió a subirme. Yo creía que estaba para jugar en ese momento, me enojaba porque no me ponía y lo recontra puteaba. A veces, corría de más, pero cuando no te alcanza, no te alcanza. Igualmente, siempre lo disfruté.

-¿Tus compañeros no te miraban de reojo por ser el hijo del entrenador?

-No, hubo un solo caso en mi carrera y tuvo problemas en todos los clubes. Soy una persona de códigos. En el ambiente del fútbol, me conocen. Sobre todo, los que fueron mis compañeros. Tuve alguna discusión, pero de calentón. Cuando fui dirigido con Ramón, no tuve problemas, pero no le hablaba. Era compartir cumpleaños y nada más. A mí no me gustaba que él se juntara con el cuerpo técnico y yo escuchara algo de mis compañeros. A los 17 años, cuando el Tolo me subió a Primera, me fui a vivir solo y no volví más a casa.

-¿Les diste una explicación a tus padres?

-Firmé el primer contrato y me fui.

-¿Te condicionaba ser el hijo de Ramón?

-Por ahí, tenías que correr un poco más, esforzarte más. Jugué en todas las canchas de Primera División y al único que puteaban era a mí. Pero es el costo de ser el hijo de Ramón. No reniego de eso, fue corta mi carrera, pero la disfruté. En un momento, te ponés una coraza y asumís la presión.

-¿Y cómo arrancó tu recorrido como ayudante de tu papá?

-Es la primera vez que lo voy a contar. Yo me había retirado y arrancamos un emprendimiento con el Rayo (Menseguez), una empresa de construcción. Estábamos de vacaciones en Miami y le sale algo de Arabia. Ramón me dice: «Yo quiero que empieces a trabajar conmigo«. Y yo le contesté: «No quiero saber más nada con el fútbol. Porque si ganamos, vas a ganar vos. Y si perdemos, voy a perder yo. Dejame que siga mi camino». Pero le dije que sí porque la propuesta era muy importante. Se cayó lo de Arabia, volvimos a la Argentina y a los dos meses apareció Independiente. Me preguntó: «¿Vas a venir?». Y no le pude decir que no o iba a pensar que todo tenía que ver con lo económico. Y fui de tercer ayudante. Después, cuando salió lo de River, le dije que lo acompañaba, pero de segundo entrenador. Si me iban a putear, al menos que tuviera sentido. Por suerte, llegó el Pichi Escudero, que es como un hermano. Me ayudó mucho.

-¿Y cómo fue pasar de ser jugador a técnico de River con Ramón? ¿Viviste la misma presión y aguantar el qué dirán?

-Tenía el miedo de las primeras charlas, por ahí me trababa, era un mar de preguntas en ese momento. Pero me sentí apoyado por los chicos. Lo único que hacía era trabajar para tratar de darles las mejores herramientas a ellos. Con argumentos. Y me fui amoldando. Cuando tenés la recepción del grupo, tu vida cambia. Enseguida te das cuenta si te creen o no. Tuve el apoyo de los grandes y los resultados se fueron dando. Salimos campeones y se dio todo muy natural. Si me ponía a pensar que estaba en River, lo iba a sufrir.

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