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lunes, 22 julio, 2024
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Por primera vez, La Scala de Milán estrenará una ópera de una mujer

Silvia Colasanti llevará al mítico teatro italiano «Anna A.», una obra una poeta rusa que vivió el terror stalinista.

En sus dos siglos y medio de historia, la mítica Scala de Milán, el teatro que fundara la emperatriz María Teresa de Austria, culminación del belcanto y sede del éxito verdiano, no ha estrenado aún una ópera de una compositora. Y cuando finalmente se ha decidido a encargar una, lo ha hecho pensando en la programación para jóvenes de su temporada 2024-25. 

La elegida es Silvia Colasanti, una romana ecuánime y bienhumorada, que advierte que su pieza es adecuada para jóvenes y para todo el mundo. Y así lo ha aprobado la Scala.

Con libreto de Paolo Nori, Anna A., que así se titula la ópera, es una historia sobre arte y poder a partir de la vida de Anna Ajmátova, la poeta rusa que fue preseleccionada para el Nobel en 1965 y que vivió el terror estalinista y combinó su talento con la resistencia ante la tiranía que asesinó a su primer marido y deportó al segundo junto con su hijo.

“Soy la primera en estrenar en la Scala, pero espero no ser la última”, declara Colasanti a La Vanguardia, pues también lo fue en el Maggio Musicale Fiorentino hace una década, con La metamorfosis de Kafka.

Para Silvia Colasanti, la lírica es un mundo machista y conservador.

Para Silvia Colasanti, la lírica es un mundo machista y conservador.

La lírica, un mundo machista

Nuestro mundo, el mundo de la lírica, es un mundo machista. Y no por razones culturales de hoy, sino por razones de nuestra historia. La de la composición es una historia masculina, la mujer estaba relegada a otro tipo de actividades: teníamos intérpretes, pero no compositoras. Y las compositoras que recordamos siempre son mujeres de alguien que ya estaban en ese entorno, como Clara Schumann o Fanny Mendelssohn, con apellidos importantes que las respaldaban”.

Efectivamente, las oportunidades de convertirse en compositoras eran tan escasas en otras épocas como las de ser pintora o escultora.

Pero en pleno siglo XXI la evolución es lenta. Y este rasgo no es atribuible sólo a teatros de la vieja Europa: cuando la finlandesa Kaija Saariaho, recientemente fallecida, estrenó en el Met de Nueva York su celebrada L’amour de Loin (2016), era también la primera desde que en 1903 la compañía estadounidense interpretara Der Wald de Ethel M. Smyth.

“El de la lírica es un mundo machista, pero sobre todo es conservador”, apunta Colasanti. “En Italia la tradición lírica es muy rica, y eso es maravilloso. Tenemos las carteleras llenas de Verdi, Puccini y Rossini, pero faltan autores actuales. Porque si Italia tiene un patrimonio artístico tan rico es porque en el pasado alguien supo creer en el presente de ese momento».

«Sin embargo -prosigue- hay mucha desconfianza. Así que estoy encantada de que los teatros se den cuenta de que la ópera de hoy puede comunicar con un público muy amplio y no sólo con los especialistas del sector”, añade esta apasionada de la literatura y la poesía rusa.

Silvia Colasanti, la primera compositora en estrenar en la Scala de Milán. Foto: silviacolasanti.com

Silvia Colasanti, la primera compositora en estrenar en la Scala de Milán. Foto: silviacolasanti.com

Anna Ajmátova, dice, es una de las figuras que siempre le han interesado, “junto con los miles de otros proyectos que tengo en mi cajón”. Y la abordó justo antes de estallar la guerra en Ucrania.

“El arte habla siempre del presente, pero a mí me gusta hacerlo a través de la crónica, a través de las historias universales, del mito o la biografía. La de Ajmátova está marcada por su decisión de permanecer en un régimen hostil para ser la voz de todas esas madres cuyos hijos, como el suyo, habían sido encarcelados sin motivo…».

«Fue en las puertas de la cárcel de Leningrado que una mujer la reconoció y, con los labios azules del frío, le dijo: todo ese dolor tú puedes contarlo. Y ella asintió. Ya sabemos cómo es la relación entre arte y poder, y esa historia puede ser muy emblemática”, concluye.

Fuente: La Vanguardia/ Maricel Chavarría Bilbao

WD

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