De Chacabuco a EE.UU, ¿cuál es la semillera argentina que le gana a las multis?

En pleno 1982, el año marcado por la guerra de Malvinas, nació Don Mario por iniciativa de cuatro ingenieros agrónomos que pensaban en grande siendo muy chicos. Vecinos de San Isidro y luego compañeros de facultad, los hermanos Alejandro y Gerardo Bartolomé, Rodolfo Klenik y César Belloso arrancaron sembrando 50 hectáreas de soja en el…

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En pleno 1982, el año marcado por la guerra de Malvinas, nació Don Mario por iniciativa de cuatro ingenieros agrónomos que pensaban en grande siendo muy chicos. Vecinos de San Isidro y luego compañeros de facultad, los hermanos Alejandro y Gerardo Bartolomé, Rodolfo Klenik y César Belloso arrancaron sembrando 50 hectáreas de soja en el campo de la madre de Belloso en Chacabuco.

Hubo vaquitas para juntar fondos a las que aportaron Eduardo Caride, luego presidente de Telefónica, y el sacerdote Juan Pablo Jasminoy. El nombre, Don Mario, fue el reflejo de un chiste entre amigos. Pasaron 40 años ya es Grupo Don Mario (GDM) y tras comprar de acciones a los socios originales, Gerardo Bartolomé decidió retirarse a los 65 años y abrir las puertas a la segunda generación.

Su hijo, Ignacio Bartolomé, 35 años y 1,90 de estatura, es el flamante CEO y a diferencia de su padre combinó estudios en Argentina, EE.UU. y Holanda como administrador de empresas y experto en tecnología para hacer de GDM una fábrica de genética.

Dos definiciones​


Ignacio Bartolomé nuevo CEO de Grupo Don Mario.

Su primera definición a Clarín es que invierten en investigación el 25% de los US$ 500 millones anuales de facturación. La segunda es que no saldrán a la bolsa porque se arreglan con fondos propios y tampoco, pese a tentadoras ofertas, están en venta. “Quiero que siga en manos de la familia por varias generaciones”, dice el flamante CEO.

Actualmente el negocio principal de GDM está en Brasil que representa el 60% de sus productos y el 95% de sus ingresos. Argentina es el 20% y EE.UU., donde crecen hasta morder el 8% de ese mercado, el otro 20%.

GDM es en soja la quinta semillera del mundo, detrás de Corteva de EE.UU, las alemanas Basf y Bayer y de Syngenta en China. “Tenemos una gran dependencia de Brasil, queremos ser una compañía de cultivos extensivos global con presencia en Europa y Asia. Vamos a desarrollar más el maíz en Sudamérica, girasol en Europa y llegaremos a China que está probando lo transgénico. Ellos tienen 40 millones de hectáreas de maíz y 10 millones de soja que quieren ampliar”, señala Bartolomé.


La soja en primer plano el stand de Don Mario predio Expoagro en San Nicolás.

Desde el inicio, el gran hallazgo de GDM fue una variedad de soja que podía desarrollarse en menos tiempo, en una Argentina donde los cultivos demoraban, desde la siembra a la cosecha, cerca de 170 días. Redujeron ese período a 125 días con variedades que producían de manera más eficiente en términos de volumen.

Variedades ofensivas

Lo más importante es que, al estar menos tiempo en la tierra, eludían una enfermedad, la Sclerotinia o moho blanco, producida por un hongo que pudre el tallo de la soja y destruye los rendimientos.

Con casi 20 millones de hectáreas sembradas en 2021, la soja ocupa hoy la mitad del área agrícola del país. Y GDM lidera en la venta de semillas.

Cuando llegaron a Brasil y en lo que fue un camino de espinas, ofrecieron un producto diferencial. Hasta ese momento había variedades defensivas y GDM ofreció las ofensivas que buscan el rendimiento, mezclando genética tropical con templada. Logró rindes de hasta 20% más y llevó la delantera en ese colosal mercado.

La falta de reconocimiento a la propiedad intelectual en el caso de las semillas en Argentina representa una traba para GDM, para su competencia y lo sufre el país.

“En Argentina hay un montón de oportunidades pero la ausencia de reglas implica tener la mitad de la ganancia genética de Brasil”, sentencia Bartolomé. En GDM se desempeñan 1.200 profesionales entre ingenieros agrónomos, biólogos, contadores e ingenieros en sistemas. Y acaban de inaugurar en Campinas, al lado de la universidad y a una hora de San Pablo, una nueva sede para atender desde allí los negocios globales.

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