Plan “post pandemia”: cómo ocultar la variante Delta hasta las elecciones

A veces, ocultar puede ser un arte. Otras, una torpeza. Hay una oscilación entre el acto deliberado, el modo involuntario y la ignorancia. La opción más sofisticada es mostrar elementos supuestamente convincentes para seducir a un interlocutor empático, sin que éste pueda o quiera comprender la verdad.Algo de esa lógica opera en estos días de optimismo oficial. El Gobierno ha decidido una serie de…

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A veces, ocultar puede ser un arte. Otras, una torpeza. Hay una oscilación entre el acto deliberado, el modo involuntario y la ignorancia. La opción más sofisticada es mostrar elementos supuestamente convincentes para seducir a un interlocutor empático, sin que éste pueda o quiera comprender la verdad.

Algo de esa lógica opera en estos días de optimismo oficial. El Gobierno ha decidido una serie de flexibilizaciones que acercan al país a una nueva normalidad “post pandemia”, aunque sin el acompañamiento de una herramienta confiable y rigurosa que permita saber minuto a minuto cuál es la progresión de la variante Delta en el país.

La ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, encabezó hace una semana un encuentro con directores de las áreas de vigilancia y epidemiología de las provincias, miembros del Consorcio PAIS y del Instituto Malbrán. Allí se decidió “reforzar las acciones de vigilancia y control de brotes de variantes de preocupación”.

Eso significa, por un lado -y a esta altura de la pandemia-, la admisión tácita de una falta de seguimiento consistente de la pandemia, para tomar decisiones de salud pública en base a evidencia científica. Pero a la vez surge de allí otro elemento perturbador: la metodología de trabajo elegida para realizar ese seguimiento.

La directora nacional de Epidemiología, Analía Rearte, dijo durante la reunión que la vigilancia consta de tres sistemas para la determinación de las variantes: la primera, a través de PCR; otra, por secuenciación genómica parcial de la espícula del virus; y una tercera por secuenciación genómica completa.


Una imagen del Covid (en naranja) a través de un microscopio electrónico. Foto: AP

Eso tiene dos problemas: uno es el grado de certeza para definir si un caso es Delta. A través de PCR se detectan algunas mutaciones que dan indicios de que podría tratarse de una variante u otras; el segundo método garantiza un grado de confianza mayor, pero a los fines prácticos termina siendo ambiguo. Para tener la plena seguridad de que una muestra se corresponde con la Delta hay que secuenciar el genoma completo.

La tecnología precaria puede llevar a conclusiones equivocadas, como le ocurrió a otro país sudamericano en agosto de 2020: habían detectado mutaciones por PCR, de las que infirieron que estaban en presencia de la variante Gamma (Manaos), sin advertir que en realidad el objeto de análisis era una nueva variante hasta entonces desconocida: la Lambda (Andina).

De ahí la importancia de secuenciar el genoma completo. Y para hacerlo surge la variable del tiempo. Hoy, completar ese trabajo en la Argentina -que confirma con precisión que una muestra pertenece a una variante de preocupación determinada-, hay que esperar alrededor de 12 días, debido a la capacidad y las rutinas instaladas.

En ese contexto vuelve a aparecer una de las grandes asignaturas pendientes de esta gestión: la puesta en marcha del secuenciador del Malbrán, que permitiría analizar 3.072 muestras cada 24 horas. Otro mundo, claro. ¿Por qué no se usa? El argumento oficial de la dilación -que lleva 8 meses- es la falta de un insumo para ponerlo en marcha. Estaría “en breve”, afirmaron este jueves.


El secuenciador llegó al Malbrán en enero y no se usa. Podría testear 3.072 muestras diarias.

¿Sería funcional a las aperturas indiscriminadas de actividades tener un celoso detector de la variante Delta? Las herramientas antiguas de secuenciación no desafinan con el nuevo relato oficial de la pandemia. La foto que se ve es una baja sostenida de casos registrados e internaciones. Pero no hay película: queda marginada la posibilidad de anticipación.

Vizzotti hace hincapié en que la variante Delta aún no es predominante y que representa menos del 5 por ciento de los casos de transmisión local. Hay que aclarar que mientras la frase anterior era escrita quedó vieja: según datos oficiales, entre el 4 y el 13 de septiembre se multiplicó por seis la circulación comunitaria en el país.

Desde el comienzo de la pandemia se sabe que el aumento de los contagios de Covid es exponencial. Con la Delta esa potencia es aún mayor. Dos dosis de vacuna en la población pueden morigerar pero no evitar la circulación del virus, según se ha visto en otros países muy inmunizados. En la Argentina, el 46 por ciento de la población concluyó su esquema de vacunación.

Todo lo cual implica que, si bien los casos registrados de Covid manifiestan un descenso importante, las condiciones de vigilancia genómica impedirían vislumbrar correctamente un posible brote para tomar medidas de prevención oportunas. Con otras palabras, la eventual esperanza de “que la Delta estalle el 15 de noviembre” -tras las elecciones del 14- podría costar cara.


En la ORT de Belgrano detectaron casos Delta. Foto: Federico López Claro

Un episodio sintomático ocurrió con la escuela ORT de Belgrano. En las horas previas a las PASO se había informado con premura sobre dos casos Delta que después subieron a 5. Sin embargo, en el colegio hubo al menos 61 alumnos contagiados. Lo que pasó con el resto, sus familiares y las variantes se diluyó en el anonimato de reportes generales.

Según datos del Ministerio de Salud, hasta el 13 de septiembre de 2021 fueron confirmados en Argentina, por secuenciación, 415 casos de variante Delta, de las cuales 373 corresponden a casos importados o contactos estrechos con viajeros y 42 a casos de transmisión local.

¿Esas cifras representan la realidad? La respuesta podría buscarse en otras cifras: desde el 1° de enero hasta el 30 de agosto de este año se secuenciaron apenas 4.577 muestras. Es decir, lo que el super secuenciador inutilizado (sí, el que costó un millón de dólares) demoraría sólo un día y medio en realizar.

Esa escasez de secuenciaciones se da, a su vez, en un contexto de disminución de los testeos, con un promedio de 50 mil por día en las últimas dos semanas. Si bien la positividad se mantiene baja, la chance de detectar infectados asintomáticos para aislarlos y que no contagien también se reduce. Con lo que el círculo de la felicidad se completa.

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