Música, barbijo y burbujas: cómo es una fiesta electrónica por dentro con los nuevos protocolos en la Ciudad

En medio de las flexibilizaciones en la Ciudad, que incluyen la extensión del aforo y horarios para bares y boliches, una fiesta en el Hipódromo de Palermo anticipó cómo será la vuelta a las pistas en los próximos meses con burbuja, protocolo, aire libre y a pura música.El festival más importante de música electrónica después…

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En medio de las flexibilizaciones en la Ciudad, que incluyen la extensión del aforo y horarios para bares y boliches, una fiesta en el Hipódromo de Palermo anticipó cómo será la vuelta a las pistas en los próximos meses con burbuja, protocolo, aire libre y a pura música.

El festival más importante de música electrónica después de la pandemia de coronavirus tuvo su primer encuentro. Crew Savage presentó su nuevo concepto de eventos al aire libre en el Hipódromo de Palermo, sobre Avenida Libertador 4101. Desde las 16 y hasta las 0 celebró la sensación de libertad en un espacio verde de varias hectáreas. El mismo evento contará con otras cinco fechas en Buenos Aires con artistas internacionales. Después podría replicarse en MiamiPunta del Este.

“Lindo regreso”, vociferan dos amigos en medio de un abrazo mientras la recepcionista los ubica en su mesa. Con el fin de integrar al público de forma escalonada, tres sectores concentran el show con un límite máximo de 2.500 participantes.


La “Crew Savage” convocó a 2500 personas en el Hipódromo de Palermo. Foto Juan Manuel Foglia

Los 200 corralitos o burbujas, de hasta 8 personas cada una, están delimitados por vallas dentro del sector popular y se eligen por orden de llegada. El ticket general tiene un costo de 3.000 pesos. Solo se puede salir para comprar bebida en la barra.

Las 20 mesas backstage se consiguen por 90.000 o 100.000 pesos y las 40 mesas VIP front, ubicadas sobre pasto sintético, a 70.000 u 80.000 pesos. Todas, incluyen el 50% de lo abonado en consumo e incluyen servicio de meseros personalizado. También, hay foodtracks con opciones gastronómicas. El uso de barbijo es obligatorio en los espacios comunes. Puntos de hidratación y centros de producción completan el esquema.


En las burbujas puede haber hasta 8 personas y en los espacios comunes es obligatorio el uso del barbijo. Foto Juan Manuel Foglia

El arte de 4 artistas, Facundo Mohrr, Juan Hansen, Simón Vuarambon y Maxi Degrassi, escenificó el ritmo de la noche. “Sacrificio, garra y fuerza para volver con todo”, sintetizan a Clarín los organizadores del evento para describir la experiencia audiovisual de la noche.

“Nunca dejé de salir, pero esta es la segunda fiesta masiva a la que concurro post pandemia. La burbuja es aburrida porque no podemos compartir ni sociabilizar con otras personas. Se individualiza el sector y hay menos chances de conocer a alguien“, le cuenta Sabrina Gómez (40) a Clarín mientras sus amigas le hacen una seña para que elija un trago de la carta.


La fiesta se dio en el primer fin de semana de flexibilizaciones en la Ciudad. Foto Juan Manuel Foglia

Un grupo de amigos viajó desde Rosario para pasar un finde a plena electrónica. Manuel Tortosa (27) entiende que el protocolo hace que la fiesta no sea como la de antes porque ya no hay tanto contacto con la gente. “La burbuja te separa y la electrónica implica compartir con el otro, descubrir gente. Ahora, estás limitado”, lamenta, pero está feliz de poder disfrutar del calor de la noche junto a sus amigos.

En cambio, dos hermanos que enfilan para la barra opinan que los corralitos evitan que la gente baile como sardinas. “Es accesible y hay más espacio para moverse. Es el primer evento al que venimos después de las restricciones. Si bien prefiero un lugar cerrado, porque el sonido se concentra mejor, la opción del aire libre también garantiza diversión“, describe Javier Peirano (25).


Para los amantes de la música electrónica en vivo, la fiesta tendrá otras 5 ediciones en Buenos Aires de acá a fin de año. Foto Juan Manuel Foglia

Hace dos años que no salíamos. Es nuestra primera salida. Venimos a pasarla bien. Nos resulta todo medio raro y a la vez no tanto. Si querés divertirte, lo haces en cualquier lado más allá de toda restricción“, describe Natalia (43) que se mueve de un rincón al otro de su corralito junto a su pareja.

“Estábamos muy manija, con ganas de salir. Nos choca tanta valla y división. El aire libre nos da mucha paz y nos genera más ganas de mover el esqueleto”, dice Lautaro Ruiz (25) que viajó desde San Martín para no perderse la noche electrónica junto a sus amigos de entre 23 y 27 años.


En el sector popular las burbujas estaban delimitadas por vallas metálicas. Foto Juan Manuel Foglia

“Esto es esperanza y pura emoción. Nos acostumbramos a lo que hay, pero espero que no sea así por siempre”, suplica Belén Coccisano mientras mueve su cuerpo al compás de la música. Brenda Aliendro siente que cada burbuja es volver a la pandemia. “Vivo en Miami y allá hace rato que no hay limitaciones. Siento que así se pierde la esencia del salir a bailar. Para eso, prefiero quedarme en mi casa viendo a una amiga. Quiero salir con más libertades para no perder la interacción con el otro”, explica.

“La gente estaba desesperada por salir. Necesitaba de este aire fresco para despejar la mente del trabajo. Me gusta que la organización sea en burbujas porque no me gusta que la gente se te avalanche. Esto es más privado y no te sentís acosada. El espíritu siempre es el mismo”, dice Pilar Morán (28).


La fiesta arrancó a las 16 y se extendió hasta las 0. Foto Juan Manuel Foglia

Setenta metros de pantallas LED, 400 luminarias rojas, verdes y azules tiñeron de alegría y emoción a la noche que se distinguió con una decoración de artillería y caña. No faltaron las selfies ni la foto grupal con el imponente escenario de fondo. La llegada de la primavera anticipó la vuelta de los eventos masivos que transforman momentos en recuerdos mágicos e inolvidables.

Por Penélope Canónico.

MG

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