En las clínicas bajó la demanda de atención médica por el Covid, pero subió un 50% el resto

La curva en el sitio Our World in Data, de la Universidad de Oxford, marca un descenso abrupto. Tomando este mes, Argentina pasó de un promedio de 5.124 casos diarios de Covid a 2.265. La noticia es más que positiva. Y se traduce en otra curva que no se ve reflejada en una estadística internacional,…

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La curva en el sitio Our World in Data, de la Universidad de Oxford, marca un descenso abrupto. Tomando este mes, Argentina pasó de un promedio de 5.124 casos diarios de Covid a 2.265. La noticia es más que positiva. Y se traduce en otra curva que no se ve reflejada en una estadística internacional, pero sí en clínicas y sanatorios: por primera vez en meses, la demanda de la atención no Covid supera ampliamente a la atención del SARS-CoV-2.

Un día cualquiera, en un horario cualquiera. Sala de espera de la guardia de una reconocida clínica privada de Barrio Norte. Esta cronista comprobó que casi no había lugar para esperar el turno en la guardia común. La guardia Covid, en cambio, se veía casi vacía. Las demoras eran directamente proporcionales a la cantidad de personas esperando.

“No paramos un minuto hoy”, dice el cardiólogo de guardia antes de, literal, salir corriendo a atender a un paciente en el box contiguo que estaba teniendo un infarto. La misma expresión la repite una enfermera, y suma: “Ahora vienen todos los que antes tenían miedo de ir a la guardia. Y también la gente que durante el año pasado no se hizo nada”.


El ingreso a la guardia de un centro médico privado. Bajó la demanda por Covid, pero subió por otras enfermedades. Foto Luciano Thieberger

Distintas fuentes del sector de la medicina privada consultadas por Clarín coinciden. El pronóstico de que el cierre de 2020 iba a golpear en este 2021 ya se está cumpliendo. Y el temor es cómo va a seguir impactando en el 2022 y en los años siguientes por los controles que se tendrían que haber hecho el año pasado y no se hicieron.

Reasignación de recursos

Varias clínicas reconocen que están reasignando recursos Covid a la atención no Covid. Lo mismo ocurre, en el ámbito público, en la ciudad de Buenos Aires. Desde mediados de agosto, el Gobierno porteño empezó a refuncionalizar los servicios del 80% de sus hospitales y también amplió los turnos de todas las otras patologías no vinculadas al coronavirus.

“Hoy tenemos un solo ingresado por Covid-19, que está en la UCI. En internación general no hay ninguno. Observamos una recuperación de la demanda de los servicios ambulatorios porque muchos de los pacientes volvieron ya sin miedo al contagio y vacunados”, cuentan en el Hospital Austral.

En este centro médico de Pilar hicieron readaptaciones de camas y personal, pero no de estructura ni de planta física. “No tenemos certeza de que esta situación epidemiológica siga tal como está ahora. Seguimos preparados para afrontar una nueva ola de casos, si la hubiera. En definitiva, son cambios para volver a atender la demanda contenida de servicios de salud causada por la pandemia”, señalan.

En Medicus usan la misma expresión: “Gran volumen de demanda contenida”. “Tenemos que hacer hincapié en el control de las enfermedades crónicas que han sido desatendidas y los servicios de telemedicina, compatibles con la atención de la mayoría de las especialidades, deben incorporarse a los procesos de atención habituales, tanto a nivel turnos como historia clínica”, remarca Rafael Zamora, gerente de Estrategia Médica, quien aclara que los servicios de emergencias quedarán por un tiempo divididos en dos: sospecha Covid y guardia general.


Las guardias divididas entre Covid y atención general se mantendrán por bastante tiempo. Foto Luciano Thieberger

Zamora traza una línea de cómo evolucionó la demanda ambulatoria en este año y medio de pandemia, al que califica de “sumamente inestable”: baja marcada en los primeros meses, crecimiento progresivo, interrupción con la primera ola de Covid, aumento exponencial tras las vacaciones, nueva interrupción por la segunda ola, y ahora un nuevo y creciente aumento, en el que confluyen los que tuvieron dificultades para atenderse en la pandemia y los numerosos controles post Covid.

Distintas entidades médicas vienen insistiendo sobre el impacto que tuvieron las restricciones del 2020 en el diagnóstico y la atención del cáncer, la diabetes y los problemas cardiovasculares, entre otras enfermedades prevenibles, y remarcando la importancia de no demorar más los controles.

Algunos números ya reflejan este cuadro. En Argentina, hubo un descenso del 50% en los casos de cáncer de mama (el de mayor mortalidad entre las mujeres) el año pasado, un dato alarmante porque la detección precoz está directamente vinculada al pronóstico. Y otra cifra que acaba de difundirse en España: la supervivencia del cáncer de pulmón (el que más vidas se cobra entre los varones) descenderá un 2% en 2020/2021.

Si bien no hay datos oficiales sobre la demanda en clínicas y sanatorios, fuentes del sector estimaron que hoy deben tener una demanda extra sobre la habitual del 50%, considerando una retracción de las consultas y diagnósticos en el 2020 que osciló entre el 35% y el 70%, y que eso ya se está sintiendo en la prolongación de los tiempos de espera para conseguir turnos.

Y, en el horizonte, un signo de pregunta: ¿qué va a pasar en los próximos meses, con Delta circulando comunitariamente?

Crecimiento exponencial

De acuerdo a los últimos reportes oficiales, la incidencia de esta variante es todavía baja, de menos del 5%, pero en los últimos nueve días creció seis veces: al 4 de septiembre, representaba el 0,71% de los casos secuenciados sin antecedente de viaje ni vínculo con viajeros.

La transmisibilidad de Delta es muchísimo más alta que las variantes anteriores y la experiencia en el mundo es de un crecimiento exponencial de la circulación comunitaria: en Estados Unidos se convirtió en la única cepa circulante en sólo tres meses, pasando del 14,21% de las muestras secuenciadas al 99,1%.

Frente a este escenario, lo que ya se ha dicho repetidas veces: la necesidad de completar los esquemas de vacunación de los adultos primero y de avanzar con los menores después.

Respecto del primer ítem, el faltante crónico de Sputnik V y AstraZeneca dilató la aplicación de la segunda dosis: de acuerdo a los últimos datos del Monitor de Vacunación, casi 9,3 millones de personas tienen aplicada solo la primera. 


El ingreso a la guardia de un centro médico privado. Foto Luciano Thieberger

Sobre el segundo punto, si bien hay jurisdicciones que ya anunciaron el inicio de la vacunación adolescente (como Provincia, que asignará turnos desde la semana próxima a los de 17 años), la suerte de esta etapa de la campaña está inexorablemente ligada a que se supla el faltante para los adultos. O a que se acelere la aprobación pediátrica de Sinopharm, aún no aprobada en el país, para la cual una reciente publicación en The Lancet trajo noticias alentadoras.

Con todas estas variables en juego, hay incertidumbre sobre cuándo y cuán fuerte romperá la tercera ola y cómo repercutirá en un sistema sanitario donde la atención de las otras enfermedades se está recuperando. La famosa sindemia que definen varios expertos, la superposición de la pandemia de Covid y la pandemia de las enfermedades no transmisibles, principal causa de muerte en el país.

Pero desde la medicina privada suman otro elemento crítico y, aseguran, estructural y no coyuntural: la crisis del sector, que llegó a un punto de no sustentabilidad. Dicen que en el último año y medio los costos de medicamentos e insumos se dispararon “sin piedad”, que más allá de los aumentos que otorgó el Gobierno están desfasados entre 20 y 25 puntos y que no hay más margen para seguir aumentando las cuotas a los afiliados.

En este sentido, reclaman una reestructuración y apuntan a que la Ley de Medicina Privada aprobada en 2011 establecía un análisis de las estructuras de costos de cada prepaga para determinar individualmente los aumentos que nunca se hizo, y que ya es insostenible seguir aplicando aumentos generales.

Una fuente del sector vuelve sobre la Delta y dice que es “una incógnita”. Pero sí tiene una certeza: que si hay una suba de casos que obligue a establecer un aislamiento por un par de semanas, tras un año y medio de pandemia y la cuarentena más larga del mundo condimentada con el vacunatorio VIP y el Olivosgate, su cumplimiento será muy difícil de lograr.

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