Transgresión en el conurbano bonaerense: así pasan las noches los fiesteros escondidos

El Ministerio de Seguridad bonaerense difunde números de teléfonos para que los vecinos denuncien y amenazan con multas de hasta tres millones de pesos para organizadores, concurrentes y propietarios. Sin embargo, las fiestas clandestinas se siguen multiplicando en el conurbano, en lugares cada vez más escondidos y al aire libre. Turnos cancelados: la denuncia que…

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El Ministerio de Seguridad bonaerense difunde números de teléfonos para que los vecinos denuncien y amenazan con multas de hasta tres millones de pesos para organizadores, concurrentes y propietarios. Sin embargo, las fiestas clandestinas se siguen multiplicando en el conurbano, en lugares cada vez más escondidos y al aire libre.

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Tras una invitación encriptada y con una localización privada compartida por WhatsApp, cientos de jóvenes que buscan divertirse desafían las reglas y “se mandan” por calles de tierra y sin iluminación con la ilusión de que el dato que tienen sea cierto. Los lugares elegidos para estas fiestas son inhóspitos, tanto que es casi imposible cruzarse un patrullero en el camino.

Logramos encontrar uno de estos lugares en González Catán, y si bien en un principio los organizadores no querían saber nada con la presencia de cámaras, finalmente entramos para poder mostrar una fiesta clandestina por dentro.

Al cruzar la puerta de ingreso, el personal de seguridad se encarga del cacheo, pero también rocía alcohol en las manos de los que entran. Además exigen que todos lleven puestos los tapabocas, aunque una vez adentro esta situación es más complicada de controlar.

“Es esto o pasar hambre”

Daniel es uno de los organizadores, y cuenta que los que trabajan en la noche están “pasando tiempos muy difíciles” y que si no hacen esto “solo les queda pasar hambre”.

Cada fiesta tiene su protocolo. En este caso, había dispuestos gazebos y mesas separadas a las que pueden acceder no más de cinco personas, los cuales tienen un valor de hasta 15 mil pesos. Aunque con el correr de las horas las distancias se van rompiendo y muchos se mezclan, es común ver a chicos y chicas con pomitos de alcohol en gel en la mano.

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Juan, que a pesar de que está vestido de payaso es un trabajador de la noche, reflexionó: “Estuvimos un año encerrados. Hicieron marchas entre otras cosas y nadie les dijo nada. Ahora déjennos disfrutar un rato”.