RAE | Trolear, provida y cuarentenar: tres de las novedades del diccionario

Balance y cierre de ciclo, dos clásicos de diciembre que siempre están a la orden del día. Los diccionarios no son la excepción. Para esta fecha, se anuncian las nuevas acepciones, la inclusión de algunos términos y se elige la palabra más popular a partir de las consultas de los usuarios. Más allá de que…

RAE | Trolear, provida y cuarentenar: tres de las novedades del diccionario

Balance y cierre de ciclo, dos clásicos de diciembre que siempre están a la orden del día. Los diccionarios no son la excepción. Para esta fecha, se anuncian las nuevas acepciones, la inclusión de algunos términos y se elige la palabra más popular a partir de las consultas de los usuarios.

Más allá de que la razón haya sido bastante penosa, 2020 fue un año muy prolífico en el campo del vocabulario. La escena estuvo y está ocupada por el/ la covid y esto no es cuestión de una lengua, es un tema planetario. Como era de suponer, por lo menos para el Merriam-Webster y Dictionary.com, la palabra de año es “pandemic” (pandemia). La seleccionaron por haber sido el término más consultado desde ese funesto 11 de marzo en que la OMS decidió declararla. Para describir el fenómeno, el director editorial de Merriam-Webster explicó que las búsquedas de “pandemia” aumentaron un el 115.806% en relación con esa misma fecha del año anterior. Ese mismo día, las consultas de la palabra en Dictionary.com, subieron más de 13.500%. Como todavía debe haber algunos que no la conocen el significado, vamos a sumar la definición. “Pandemia” surge de la combinación de “pan” (todo) y “demos” (pueblo). Desde 1660 aparece en textos médicos para definir las epidemias que llegan a “todos” los puntos del universo, aquellas a las que las fronteras no pueden detener.

Aunque en castellano la “palabra del año” no ha sido elegida aún, me arriesgo a pensar que también irá por ese lado. Por miedo, por asombro o por necesidad de transmitir esta nueva experiencia, tuvimos la urgencia de nombrar aquello que no conocíamos y que estábamos viviendo por primera vez. El virus y la pandemia determinaron la inclusión de una cantidad de términos sanitario-científicos que hoy ya están escritos en azul en el diccionario. En el mundo de los neologismos, hubo mucho movimiento.

Aunque muchas ya fueron objeto de nuestro análisis cuando empezaron a ser empleadas, vale la pena ver a qué conclusión llegó la RAE al momento de incluirlas. Al ser palabras tan nuevas, hay fluctuaciones de escritura, de pronunciación y de significado.

COVID y covid: la Academia propone estas dos variantes y lo define como “síndrome respiratorio agudo producido por un coronavirus”. Este acrónimo -palabra formada por la unión de elementos de dos o más palabras- del inglés (COronaVIrus Disease) se usa para nombrar la enfermedad. La razón de por qué se admiten las dos formas es simple pero curiosa. Los acrónimos se escriben con mayúscula cuando han sido recientemente creados, este sería el caso. Sin embargo pasan a escribirse en minúscula -sida, ovni- cuando el uso está muy difundido, este también sería el caso. La conclusión: se aceptan de las dos grafías, con mayúscula o con minúscula, pero no se recomienda la forma *Covid.

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Tampoco están cerradas otras dos cuestiones: el género y la acentuación. Podría considerarse sustantivo común femenino si se tiene en cuenta que “disease” es enfermedad, pero podría ser masculino si ponemos el foco en “virus”, el segundo elemento del acrónimo. La covid o el covid, la vacilación es lógica cuando no está determinado cuál es el componente más relevante del acrónimo.

En cuanto a la acentuación, es aguda. Así lo explica Fundéu: “La forma sin tilde se corresponde con la pronunciación aguda /kobíd/. Si se pronuncia como palabra llana, /kóbid/, el resultado de la lexicalización tendría que llevar tilde: cóvid-19″.

Más allá del vocabulario especializado, la pandemia impulsó una cantidad de términos periféricos que ya nos resultan familiares, pero que llamaron la atención al principio: covidiota, cuarentenal, coronapena, por ejemplo. El diccionario va a incluir, entre otros, desconfinar, desescalada y cuarentenar. Este último verbo, cuyo significado es “poner en cuarentena un lugar o una persona”, es una muestra de la tendencia de los hablantes a economizar: “No vamos a volver cuarentenar la ciudad a pesar del crecimiento de la curva” son menos palabras que “no vamos a poner en cuarentena la ciudad a pesar del crecimiento de la curva”. En cuanto a la necesidad de introducir un significado surgido en esta nueva normalidad, podemos citar el caso de “confinamiento”. Esta entrada, que alude a la cuestión sanitaria, se sumó a la tradicional que se relaciona con la acción de “castigar con la exclusión”: “Aislamiento temporal y generalmente impuesto a una población, persona o grupo por razones de salud y seguridad”.

Aunque el covid ocupó el centro de la escena, en 2020 pasaron cosas fuera del ámbito de la salud que la RAE también consigna en esta edición. Entre las palabras que dan cuenta de fenómenos sociales podemos mencionar la inclusión del adjetivo “provida” -relativo al que se opone al aborto inducido, a la investigación con embriones humanos y a la eutanasia- y la de “fascistoide”, un adjetivo con matiz despectivo que sirve para describir aquello que “tiene características relacionadas con el fascismo o el autoritarismo”.

El universo techie también hizo su aporte. Entre otras, se añadieron las formas “trol” y el verbo “trolear” para señalar a los que publican mensajes provocativos, ofensivos o fuera de lugar con el fin de boicotear algo o a alguien, o entorpecer la conversación. Además, decidieron agregar una definición 2.0 para el sustantivo “hilo”: “En foros de Internet o redes sociales, cadena de mensajes publicados sobre un mismo asunto”.

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Así, en azul, estas nuevas palabras ya tienen un lugar en el diccionario. Algunas más polémicas, otras más “inestables” todas formaron parte de nuestro mundo en 2020. Consultado sobre cómo proceden para hacer crecer el diccionario, el director de la Real Academia Española Santiago Muñoz Machado explicó: “No pretendemos en modo alguno inventar nada. Somos testigos y notarios de cómo hablan los hispanohablantes”.