Récord de creación de empleos en Estados Unidos

La economía de EE.UU. creó 266.000 puestos de trabajo en noviembre, en tanto que había previsto 180.000 el mercado, y en octubre produjo 128.000 empleos.El resultado fue que la desocupación cayó a 3.5%, el menor nivel desde 1969; y con este ritmo de creación de puestos de trabajo, el desempleo se derrumbaría a 3.2%, o…

Récord de creación de empleos en Estados Unidos

La economía de EE.UU. creó 266.000 puestos de trabajo en noviembre, en tanto que había previsto 180.000 el mercado, y en octubre produjo 128.000 empleos.

El resultado fue que la desocupación cayó a 3.5%, el menor nivel desde 1969; y con este ritmo de creación de puestos de trabajo, el desempleo se derrumbaría a 3.2%, o 3%, al finalizar 2020. Sería el menor nivel de desocupación de la historia norteamericana desde la guerra de Corea (1950-1953).

Esto significa que la economía de EE.UU., la mayor del mundo (U$S 21.9 billones / 25% del PBI global), crece sostenidamente por encima de su capacidad potencial (2.5% anual) por 12 trimestres consecutivos; y esto sucede con un nivel de inflación de 1.6% por año, sin signo alguno de sobrecalentamiento.

Es una economía “hiperintensiva” –en los términos de Jay Powell, presidente de la Reserva Federal-, con plena utilización de los recursos de capital y trabajo. Los factores de producción estadounidenses en este momento son como “cilindros” turbogenerados.

EE.UU. está más allá del pleno empleo. Hoy se crea el doble de puestos de trabajo que personal existe en condiciones de ocuparlos. Es la primera vez que sucede algo semejante en la historia del capitalismo avanzado.

Esta extraordinaria novedad histórica es la convergencia de dos fenómenos. Por un lado, el hecho fundamental, históricamente decisivo, de que EE.UU. ha recibido más de U$S 11 billones de inversiones del mundo entero en los últimos tres años, incluyendo la repatriación de U$S 1.4 billones de capitales que las trasnacionales high tech tenían en el exterior (Apple, Microsoft, Amazon, Google, Facebook, entre otras).

También se ha producido un retorno a EE.UU. de una parte significativa –quizás 30% / 40% – de los U$S 4 billones/U$S 5 billones que las compañías norteamericanas acumulaban fuera del país para evitar el pago de 35% en el impuesto a las ganancias corporativas, que fue reducido a 21% por decisión de Donald Trump y el Congreso Republicano. Esto implicó una disminución del costo del capital de 30%, con una mejora similar de la tasa de retorno.

A esto hay que sumarle el pleno despliegue de una nueva revolución industrial producida en estos últimos tres años centrada en el conocimiento y el “capital humano”; y que estaba frenada hasta 2017 por una bajísima tasa de inversión, que cayó a 12% del producto en 2016, sólo levemente por encima del nivel de reposición.

Este fenomenal boom de la economía norteamericana hay que colocarlo en el siguiente contexto: EE.UU. experimenta la expansión más larga de su historia, y ha superado el record previo que se extendió desde marzo de 1991 a marzo de 2001; y ahora ha crecido 2.6% anual en términos reales en el tercer trimestre de 2019, el mismo nivel que mantiene desde 2016.

El gasto de los consumidores (70% del PBI) aumentó 2.9% anual en el tercer trimestre, 0.3% más que en los cuatro trimestres previos; y esto ha ocurrido en ese periodo empujado por un alza de los ingresos reales de los trabajadores de +3.2% anual, acompañado por un auge de la productividad de +2.5% por año en esa misma etapa, que se proyectaría a 3% anual en 2020.

La tasa de inversión aumentó 16% anual en el tercer trimestre, igual nivel de expansión que en 2018 y 2019. El alza de la inversión en EE.UU. está en relación inversa a la declinación de las inversiones estadounidenses en el exterior. Hoy, por primera vez en la historia desde la Segunda Guerra Mundial, las trasnacionales norteamericanas invierten más en EE.UU. que en el exterior. Se han sumado a la tendencia mundial que es invertir en la primera economía del mundo.

La economía de EE.UU. muestra los siguientes rasgos: el total de la inversión en investigación y desarrollo científico y tecnológico (R&D), tanto pública como privada, alcanzó a U$S 496.000 millones en 2017, y es la mayor del mundo, el doble que la de China (U$S 260.000 millones).

La inversión en R&D es un fenómeno esencialmente privado. Era de U$S 70.000 millones en 1980, y trepó a U$S 300.000 millones en 2016 (un alza de 340% en 35 años); y la inversión de las 5 principales high tech (Apple, Google, Microsoft, Amazon y Facebook) en este rubro decisivo superó U$S 200.000 millones el año pasado, cinco veces más que las tres mayores chinas (Alibaba, Tencent, Baidú).

Los “venture capital” (VC) norteamericanos –fondos que financian start ups high tech- gastaban U$S 14.500 millones en 1980, y treparon a U$S 131.000 millones en 2018.

Todo esto ocurre cuando las trasnacionales estadounidenses son 44% del total global, y venden en el exterior 4 veces más de lo que exportan desde EE.UU (las chinas son 25% del total mundial).

No hay conocimiento sin empatía; y el primer requisito para un análisis “objetivo” de la economía norteamericana es un elevado nivel de admiración por EE.UU., que hoy experimenta un boom económico sólo comparable por su magnitud e intensidad con el formidable logro de la Segunda Guerra Mundial.

En ese periodo (1940-1945), EE.UU creció 8% por año, y la industria manufacturera, que armó y avitualló a 12.5 millones de combatientes contra el Eje y frente a Japón, se expandió 11% anual en ese periodo.

EE.UU. es un país excepcional, en el sentido estricto, descriptivo, del término.

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