Historias de pactos, controles de precios y planes de estabilización

Los acuerdos de precios y salarios no son una originalidad argentina, como la birome o el dulce de leche. Mal que nos pese, los primeros intentos de controlar la inflación por esa vía se registraron hace 4.000 años, en los tiempos de Hammurabi (que la incluyó en su célebre Código) y el Antiguo Egipto. Y…

Historias de pactos, controles de precios y planes de estabilización

Los acuerdos de precios y salarios no son una originalidad argentina, como la birome o el dulce de leche. Mal que nos pese, los primeros intentos de controlar la inflación por esa vía se registraron hace 4.000 años, en los tiempos de Hammurabi (que la incluyó en su célebre Código) y el Antiguo Egipto. Y de allí para adelante se encuentran antecedentes en casi todas las civilizaciones antiguas: Roma, Grecia, China, India y Babilonia, entre otras. Referentes económicos del presidente electo, Alberto Fernández, analizan una medida similar, postulada como la piedra angular de un pacto social.

Cepo, controles, congelamiento de precios o planes de estabilización forman parte de un vocabulario muy conocido por los argentinos. Sin ir más lejos, el economista Iván Carrino recuerda que entre 1950 y 1990 esa fórmula se aplicó al menos 4 veces con variantes, pero siempre con el mismo resultado: “Inicialmente logran bajar la inflación, pero al final los precios terminan muy por encima del arranque”, interpreta.

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El primer ensayo, el más exitoso de todos, fue durante el segundo gobierno de Juan Perón. En 1952, con una inflación interanual del 58%, se implementó el “Plan de estabilización”, que llegó a producir “caídas anuales en los precios que promediaron el 7% en febrero de 1954”, señala Carrino. La inflación rebotó recién 4 años después, en 1958, cuando superó el 58% del inicio.

La mecánica se repitió en 1967, en la dictadura de Juan Carlos Onganía (con Krieger Vasena de ministro de Economía); en 1973, en la breve presidencia de Héctor Cámpora (José Ber Gelbard) y en 1985, con el Plan Austral, creado por el segundo ministro de Economía de Raúl Alfonsín, Juan Sourrouille. “Los acuerdos lograron por un tiempo reprimir las consecuencias de la inflación. Sin embargo, como nunca se corrigieron sus causas, los precios volvieron a subir cada vez con más fuerza”, remarca Carrino.

Por lo poco que trascendió, el acuerdo que impulsaría el gobierno de Alberto F. “contemplaría un congelamiento de precios por 180 días con el objetivo de recuperar el poder de compra de los salarios”, interpreta Guido Lorenzo, de la consultora LCG. Este economista considera que es “un esquema muy parecido al de Cámpora” y que “puede ser un paliativo para anclar las expectativas y que puede servir para evitar que desborde la inflación por tres meses”. Pero advirtió que deberían tomarse otras medidas complementarias (fiscales, monetarias y cambiarias). “El gran interrogante es qué pasará el día 181”, finalizó.

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Para que un acuerdo de precios y salarios funcione, subraya el director de Ecolatina, Lorenzo Sigaut Gravina, “tendría que inscribirse dentro de un plan más amplio, que contemple la estabilidad cambiaria, el superávit comercial, que genere confianza y que resuelva el problema de la deuda”.

Sigaut sostiene que un pacto de precios y salarios tiene como principal objetivo romper la inercia inflacionaria y moderaría los reclamos salariales. Sin embargo, advierte que faltan señales claras por parte del presidente electo: “Ni siquiera conocemos su equipo”, dice. Al igual que otros, el economista afirma que ante la falta de certezas, se vienen produciendo remarcaciones preventivas con miras a un eventual congelamiento. “Se viene armando un colchón, lo mismo ocurre con la CGT. Todos quieren cubrirse”, agregó.

Esa “cobertura” está generando subas de precios generalizadas, según admiten fabricantes y cadenas comerciales. Un alto ejecutivo de una de las principales cadenas de supermercados dijo al Económico que en las últimas dos semanas previas a las elecciones, “hubo subas de precios de entre 8 y 12%, en promedio, con picos de hasta 30% en todas las categorías de productos y marcas”.

Esos aumentos obedecen principalmente a los trascendidos sobre un eventual congelamiento cuando asuma el nuevo gobierno. Los trascendidos, coinciden los analistas, conspiran contra el plan con el cual se intenta romper la espiral de subas. Por lo pronto, Sigaut aconseja emitir mensajes claros sobre los programas que se piensan implementar, lo antes posible.

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En este sentido, el actual gobierno tiene poco margen para actuar. “El propio cepo es una medida de un gobierno saliente. Se lo implementa como un gesto de cooperación para preservar las reservas y parar la inflación. Es un plan para frenar el dólar hasta que finalice la transición”, comentó el especialista.

Los acuerdos ayudan pero son secundarios

Por Fausto Spotorno

Director de OJF

El acuerdo de precios y su “hermano” el control de precios suelen ser medidas que en la economía argentina se han tomado con el objetivo de bajar la inflación. Pero en ningún caso estos instrumentos son capaces de resolverla definitivamente. La inflación se resuelve con una política monetaria sólida, una política fiscal consistente y tiempo. En ese contexto los acuerdos precios pueden ayudar a coordinar expectativas, siempre y cuando los programas fiscales y monetarios establecidos gocen de credibilidad.

A lo largo de la historia argentina, muchas veces se han aplicado acuerdos de precios, pero sus consecuencias fueron siempre temporales y la duración del efecto positivo estuvo siempre íntimamente ligada a la credibilidad y eficacia del resto de la política económica.

En efecto, los acuerdos y controles de precios no son esenciales en un programa de baja de inflación. Sirven para coordinar expectativas. Ello implica que si existe una política monetaria y fiscal que realmente tenga la potencialidad de disminuir efectivamente la inflación, los acuerdos ayudan a reducir el proceso de prueba y error por el que pueden atravesar los mercados de bienes y servicios hasta que son disciplinados por la política económica. Sin embargo, por sí solos ni los acuerdos ni los controles de precios pueden lograr algo.

De hecho, en Argentina todos los controles o acuerdos de precios terminaron fracasando más tarde o más temprano. Uno de los primeros controles de precios se instaló durante el segundo plan quinquenal de Perón, en el capítulo XIX. A finales de 1951, por primera vez en la historia argentina la inflación alcanzó el 50% anual; como respuesta el ministro Alfredo Goméz Morales establece un control de precios, pero también se aplica un ajuste fiscal de medio punto del PBI y se reduce el ritmo de expansión monetaria del 27% anual que se venía observando en los últimos 4 años, al 13% anual en 1952.

Durante los dos años primeros años este programa ayudó a bajar la inflación hasta casi cero en 1953. Pero en 1954 vuelve a observarse una inflación del 16% que se intenta frenar con más restricciones y sosteniendo una expansión monetaria del orden del 16-17% anual. Para 1958 la base monetaria creció casi 41% en el año y el déficit fiscal primario trepó a casi 6% del PBI; como resultado, aun con los controles de precios funcionando, la inflación volvió a superar el 50% anual.

El plan de José Ber Gelbard incluía sólo un control de precios que no logró casi nada en materia de inflación del 51% promedio de 1971 y 1972 a una inflación promedio de 42% en 1973 y 1974. Todo terminó en el famoso “Rodrigazo” con inflaciones de más del 300% en 1975 y 1976.

De hecho, a lo largo de la historia la economía convivió con pactos, controles, precios cuidados y cosas parecidas, siempre que la inflación fue elevada. La razón por la que por sí solos no funcionan es que la inflación no es un fenómeno producto de cambios en precios relativos, sino que se la puede definir como la pérdida en el valor del dinero.

Los controles o acuerdos de precios más exitosos fueron los que estuvieron insertos dentro de un programa integral, en los que los protagonistas son la política monetaria y la fiscal. Porque en un programa antiinflacionario sólido los acuerdos pueden ayudar, pero siempre son secundarios.