Alberto será su propio Jefe de Gabinete

Las transiciones, políticas o no, precipitan dilemas de identidad. Una cosa era uno en el llano, y pasa ser otro en el poder. Quién está en el poder vale la mitad después de las elecciones, y valdrá un cuatro cuando deje el cargo. Quien tiene experiencia lo asume con sabiduría; quien es nuevo en la…

Alberto será su propio Jefe de Gabinete

Las transiciones, políticas o no, precipitan dilemas de identidad. Una cosa era uno en el llano, y pasa ser otro en el poder. Quién está en el poder vale la mitad después de las elecciones, y valdrá un cuatro cuando deje el cargo. Quien tiene experiencia lo asume con sabiduría; quien es nuevo en la política no sabe lo que le espera cuando le vengan a pedir los celulares. Como bromea un baquiano de mil aventuras, Emilio Monzó, es duro pasar a la actividad privada. Sí, privada de celular, de auto, de secretaria, de sueldo, de viáticos. El implicado se mira al espejo y pregunta, como el Guasón o antes Travis Bickle (el héroe de Taxi Driver): “Are you talking to me?”. Como si uno fuera otro, decía Rimbaud. En esta transición del poder, que pone en crisis las identidades, Alberto avanza a una novedad en el armado de la oficina presidencial, que es asumir él mismo la función de Jefe de Gabinete, cargo que ejerció cinco años con Néstor y Cristina de Kirchner. Tiene experiencia en la función y el ejercicio de esa tarea. El presidente representa al Ejecutivo elegido por el soberano; el jefe de ministros es el jefe de la administración. Por eso subsumirá en una misma silla las dos funciones, dejando a un Santiago Cafiero, si fue él el elegido para la jefatura formal, como un asistente. Algo parecido a lo que se ha hecho hasta ahora Marcos Peña, que ha sido una correa de transmisión entre el presidente y los ministros. Es una manera de superar la crisis de identidad que nos permite imaginar a Macri y Alberto preguntándose, emulando a Cantinflas, “Esto, ¿lo arreglamos como caballeros o como lo que somos?” Hasta ahora se han comportado como caballeros.

La plaza número 31 de Macri (diciembre 7) y Cristina presidente por 12 horas

Si no hay acuerdo de caballeros (y damas) los protocolos se enredan, como ocurrió en la transición de 2015 y pueden ocurrir tumultos no deseados. Macri y Cristina no se han puesto de acuerdo con la narrativa sobre qué motivó el desencuentro que impidió un acto de los dos intercambiando símbolos de poder. Cristina había dicho, antes de dejar el cargo “No me imagino entregándole la banda a Macri”. Después imaginó que querían bajarle el precio en un acto-entradera con barras macristas. En el libro que le escribieron agregó la leyenda de que Macri entendió que el bastón presidencial estaba engualichado y no quiso tocarlo. Los testigos de aquel momento afirman que había varios bastones y que a Macri le eligieron otro, sin motivos ocultos. Como fuere, todo terminó en la jornada del 9 de diciembre con Federico Pinedo presidente por 12 horas. Esta vez ¿buscarán ser más prolijos? Se proyectan sombras por estilos cruzados. El acto de asunción del 10 de diciembre lo preparan los peronistas con la estética de una operativo retorno del tipo Perón vuelve, con plaza, músicos, fuerza bruta y fuerza suave. El macrismo, en respuesta, se adelanta con la plaza número 31 (por los 30 actos de la campaña). Tendrá la estética de la espontaneidad, o sea la auto convocatoria de los vecinos en respaldo del que se va. La fecha es el sábado 7 de diciembre en alguna plaza acomodada a unos 100 mil asistentes. Ese gesto le puede poner fiereza a la transición. Si eso ocurre Cristina puede ser presidente de nuevo por 12 horas hasta que Fernández asuma formalmente sin agacharse ante quienes se van.

Debuta la transición fina, la del área financiera

Alberto partió a México con la instrucción de que su mesa de asesores económicos le tenga listo un informe, para la reunión a su regreso, en donde prepararán el examen a las autoridades de Hacienda, la ANSES y la AFIP para la transición. Lo apuró, ante la presunción de esos asesores de que el endurecimiento del cepo del viernes – la tercera vuelta de tuerca desde que se impuso la restricción a la salida de dólares- obedece a que la caída de las importaciones no basta para disponer del dinero para los pagos de los títulos reprogramados, y que el gobierno deberá seguir pagando hasta el 10 de diciembre. El team de expertos en esa materia ya tiene decidido su destino en el nuevo gabinete, pero ninguno sabe, con precisión, cuál será su cargo. Lo integran Miguel Pesce – hasta el 10 de diciembre presidente del Banco de Tierra del Fuego y representante de esa provincia en el directorio de YPF -, Matías Kulfas, Cecilia Todesca y Guillermo Nielsen. A ellos se suman esta semana Mercedes Marcó del Pont y Paula Español. En el viaje Alberto conversará con AMLO (así llaman los cursis a Andrés Manuel López Obrador) sobre el nuevo embajador en aquel país. Si es por Cristina, debe ir el senador saliente Marcelo Fuentes, que fue el enviado del Patria a la asunción del presidente de México. Otra prueba para el circuito de lealtades en la cúpula.

Manzur prueba su poder y reactiva pelea por camarista electoral

Más allá de estas presunciones, que son obvias, hay películas más divertidas, que alimentan usinas de información, en un intento de construir una narrativa nueva. Estas usinas buscan imponer interpretaciones, como que Macri perdió pero ganó – fue un éxito quedar a 3 puntos de su objetivo de promover un ballotage, aunque haya perdido -, que Cristina manda quién sube a un palco o quien no, o que Juan Manzur se quiere quedar como el manejo en las sombras del nuevo gobierno. Es cierto que los gobernadores son la fuerza principal del peronismo, bajaron a Cristina de la fórmula y están felices de abrazarse al profesor Fernández, que no es un político sino un funcionario. Con eso sólo ponen a raya al peronismo metropolitano – Buenos Aires, CABA – con el que peronismo del interior vive en guerra desde hace 30 años, y que les costó derrotas a las pretensiones del peronismo central de poner un presidente con poder político – Cafiero, Duhalde, Scioli. Pero de ahí a que uno de ellos le cope el gobierno a Alberto, hay un trecho. Más aún cuando el peronismo tiene gobernadores más poderosos que él, como Juan Schiaretti, Omar Perotti o Jorge Capitanich. Por ahora Manzur pide señales de amor, algunas de ellas discretas pero con implicaciones de poder. Por ejemplo, reactivar la candidatura del juez federal de su provincia, Daniel Bejas, como camarista electoral. El tribunal más alto en ese fuero tiene una vacante desde 2016, cuando murió Roberto Munné. El Consejo de la Magistratura elevó una terna con candidatos a reemplazarlo, según el resultado del concurso. Primera salió Alejandra Lázzaro, identificada con el radicalismo, segundo Bejas, y tercero Hernán Gonçalves Figueiredo. Estos últimos son respaldados por el peronismo.

Pichetto el lunes con Macri con traje de auditor

Estos movimientos sirven para probar circuitos. Como el que hizo el oficialismo en la semana para reabrir el debate sobre la designación del Defensor de la Nación, algo que conocían Macri, Marcos Peña, el candidato Emilio Monzó y muchos más. El miércoles se cayó la sesión de la Bicameral que entiende en el nombramiento de un cargo vacante hace 10 años. Cubrirlo es más difícil que un cargo en la Corte, porque requiere 2/3 de los votos de las dos cámaras. Los integrantes de la comisión le restaron el quórum a una convocatoria que se había hecho antes de conocerse el resultado de las elecciones. Después del domingo las condiciones eran otras y nadie fue. Los senadores y diputados del actual oficialismo dijeron que ellos no iban a prestarse a ningún debate de nuevos cargos, hasta que se negocie la totalidad de posiciones que tienen que cubrir como la nueva oposición. El martes, en el almuerzo que suelen tener los senadores de Cambiemos todas las semanas, resolvieron que nadie iría a la comisión. A la misma hora, los bloques del peronismo -Carlos Caserio y Marcelo Fuentes – le dijeron algo parecido a Federico Pinedo. Todo queda para otro momento. No discutirán ni la Defensoría ni otro trono regio, como es la presidencia de la Auditoría. Los radicales pretenden el cargo que hoy tiene Oscar Lamberto, porque suman más diputados y senadores que el Pro. El cargo lo decide la fuerza que tiene más bancas, no es una negociación entre bloques. Hoy el radicalismo tiene dos auditores, Jesús Rodríguez y Alejandro Nievas, y podrían sumar un tercero. O Jesús va a la presidencia y lo reemplaza otro correligionario, o traen a otro radical, o lo apoyan a Miguel Pichetto. Lo más probable es lo primero, por la importancia que tiene Rodríguez en el funcionamiento de Cambiemos. Hay negociaciones que también prueban la voluntad de unidad de la nueva oposición, poder mostrar un arco sólido que no se desgaste en peleas personales. La nueva realidad de la Auditoría despertó la consulta para que Miguel Pichetto ocupe esa vacante, en representación de lo que ha sido Cambiemos. Esto entra en las conversaciones de todos los cargos disponibles, tarea que fue tema de un maratón de encuentros. Macri se reúne este lunes con su excandidato a vice para hablar de esto y otros compromisos.