Brasil y Argentina, hermanados en una economía débil

A finales de 2018, cuando en Argentina empezó el veranito financiero con el dólar estable y la tasa bajando fuerte, la ilusión de la recuperación en 2019 se apoyaba sobre tres ejes: la cosecha récord que venía asomando, las chances de que bajara la inflación y renaciera el poder adquisitivo y la tracción de la economía…

Brasil y Argentina, hermanados en una economía débil

A finales de 2018, cuando en Argentina empezó el veranito financiero con el dólar estable y la tasa bajando fuerte, la ilusión de la recuperación en 2019 se apoyaba sobre tres ejes: la cosecha récord que venía asomando, las chances de que bajara la inflación y renaciera el poder adquisitivo y la tracción de la economía brasileña. Hoy solo el primer eje se mantiene robusto. Mientras el  salario real aún sigue de capa caída, las perspectivas brasileña se van oxidando.

Por cada punto de expansión del PBI del país vecino, Argentina crece un cuarto de punto. El gigante del Mercosur es el principal destino de nuestras exportaciones y se lleva el 80% de nuestros productos industriales, los de mayor valor agregado. Pero a menos de seis meses del inicio de la gestión de Jair Bolsonaro, las perspectivas de recuperación en Brasil se van achicando. En el comienzo del nuevo ciclo, la proyección era que el gigante sudamericano crecería entre 2,5 y 3% este año. Aquella visión optimista quedó recortada a la mitad: ahora la previsión de los analistas consultados por el Boletín Focus, que publica el Banco Central cada semana, es que la expansión será del 1,13%. Ya son 14 las semanas consecutivas en las que las proyecciones se van recortando.

Newsletters Clarín

Qué pasó hoy | Te contamos las noticias más importantes del día, y que pasará mañana cuando te levantes

De lunes a viernes por la tarde.

Recibir newsletter

En octubre pasado Bolsonaro ganó el balotaje con el 56% de los votos. Arrancó su gestión con alta popularidad aunque gobernando sobre un país dividido. Rápidamente, la imagen del flamante presidente se fue deshilachando. A finales de abril, la tasa de aprobación de la gestión de Bolsonaro era del 35%, frente a un 31% que lo consideraba regular y un 27 % que lo calificaba como “pésimo”, de acuerdo con el Instituto Ibope.

En un sistema fuertemente parlamentario y con un Congreso fragmentado pero poderoso, Bolsonaro no logró sellar alianzas para  avanzar con los cambios que había prometido en su campaña. Para el IEDI (Instituto de Estudios para el Desarrollo Industrial), “ante los problemas de articulación política para encaminar las reformas estructurales, la caída de las expectativas favorables desde el final del año pasado alcanzó tanto empresarios como consumidores, perjudicando la demanda de bienes durables y de consumo”.

Mirá también

Entre 2015 y 2016 Brasil enfrentó una recesión que derrumbó un 7% su PBI. La semana pasada un escalofrío recorrió la región cuando se conoció que en el primer trimestre la economía brasileña se contrajo 0,2%. Los analistas señalan que aún hay chances de que esta situación se revierta, se evite una caída en el segundo trimestre y de este modo Brasil zafe de entrar en recesión por segunda vez en los últimos tres años. Buena parte de la suerte de Brasil se juega en la reforma previsional, el as de espadas con el que Bolsonaro prometía resolver el agujero fiscal y que hoy está empantanada en el Congreso.

En Brasil los gastos en jubilaciones representan el 13% del PBI y el 60% del presupuesto de la administración nacional. “Estamos en el umbral de un abismo fiscal”, dijo días atrás el ministro de Economía, Paulo Guedes, para dimensionar la importancia que la reforma previsional tiene para su gobierno. Los cambios que impulsan y que deberían tratarse este mes en el Congreso buscan un ahorro fiscal de US$250.000 millones en diez años. 

Las principales modificaciones, resistidas por los sindicatos, pasan por  fijar la edad jubilatoria en 65 años para hombres y 62 para mujeres. Y establecen que para acceder al beneficio integral habrá que aportar durante 40 años. Hoy no hay edad mínima para jubilarse y las mujeres lo hacen con 30 años de aportes, mientras que los hombres necesitan 35 años. 

La resistencia al proyecto es fuerte en el Congreso y la lectura de los analistas es que la demora en avanzar le resta chances a la expansión de la economía. Los bancos Bradesco e Itaú ya corrigieron la proyección del PBI para 1%, en 2019. Las expectativas para 2020 también son declinantes: de 2,5% a 2%, con sesgo de profundizar aún más la caída.

Mientras tanto la economía real sigue complicada. En el primer cuatrimestre la producción industrial acumuló una caída del 2,7% interanual. En mayo hubo una rayo de esperanza con el repunte del 30% de la industria automotriz, aunque el dato se sustenta en la comparación con la baja producción del mismo mes de 2018 cuando una huelga de camioneros paralizó al país 11 días. 

A las exportaciones no les va mucho mejor. Las ventas al exterior de manufacturas acumulan una baja de 5,6% entre enero y abril

Y el desempleo en el país se sitúa en el 12,5%. Según Daniel Duque, analista de la Fundación Getulio Vargas, “va a llevar más de una década volver a tener una tasa de desempleo de un dígito”.

El déficit fiscal alcanzó en 2018 el 7,14% del PBI y fue el más bajo de los últimos cuatro años. Mientras que la deuda bruta del país llega al 78,8% del producto.

De cara a la reforma los analistas de Eurasia Group Note sostienen que las probabilidades de que se apruebe están aumentando y ya se ubican entre el 70 y el 80%. Ahora, la percepción de los analistas es que hay chances de que el Congreso apruebe una versión light de la reforma que permita bajar el gasto entre US$130.000 y US$180.000 millones en una década.

Sin embargo, también hay consenso en que con conseguir la reforma no alcanza. Afonso Celso Pastore, ex-presidente del Banco Central y presidente del Comité de Datación de Ciclos Económicos, diagnostica que Brasil ya está en un cuadro de “depresión económica”, con la renta per cápita estancada desde hace tres años. Según el economista, la reforma es necesaria, pero no es suficiente para terminar con el estancamiento. 

Para la consultora Insight Prospectiva, “no hay indicio alguno de que después de la reforma del país vaya a despegar. En 2020, en el mejor de los casos, el PBI será mediocre. Y, en 2021, si no hay un cambio de ruta, el resultado será más de lo mismo”. Pronostican que creciendo al 0,9% anual Brasil va a tardar 10 años en recuperar lo que perdió en la recesión de 2015 y 2016.

Desde Argentina, Martínez de la consultora Abeceb tiene una visión un poco más favorable. “Para 2020 esperamos que Brasil crezca entre 2,5 y 2,8% dependiendo de cómo resulte la aprobación de la reforma. En términos generales Brasil tiene buenos fundamentos para crecer de manera sostenida: una macro estable y un modelo económico que se sostiene más allá de los vaivenes políticos”.

Martínez detalla que “el problema previsional de Brasil es inmenso al lado del nuestro. El nuestro es deficitario pero sostenible. Hasta 2025 o 2020 hay espacio para hacer reformas, ellos ya están en un agujero negro. Todas las proyecciones marcan que la situación tiende a empeorar en el cortísimo plazo. Pero la inflación es de 4%, el tipo de cambio real mejoró mucho y el déficit de cuenta corriente es totalmente financiable. Tienen todo para crecer pero falta que se destrabe la reforma”.