Ana Botín: banca digital, feminismo y su visión sobre el futuro de la Argentina

Madrid (enviado especial).-Entre los cuarenta bancos más importantes del planeta hay uno solo que tiene como CEO a una mujer. Y Ana Botín no es cualquier mujer. Como cualquier persona nacida en una familia aristocrática le sobran apellidos. Su nombre completo es Ana Patricia Botín-Sanz de Sautuola O’Shea. Es la hija del histórico banquero Emilio…

Ana Botín: banca digital, feminismo y su visión sobre el futuro de la Argentina

Madrid (enviado especial).-Entre los cuarenta bancos más importantes del planeta hay uno solo que tiene como CEO a una mujer. Y Ana Botín no es cualquier mujer. Como cualquier persona nacida en una familia aristocrática le sobran apellidos. Su nombre completo es Ana Patricia Botín-Sanz de Sautuola O’Shea. Es la hija del histórico banquero Emilio Botín y de la marquesa Paloma O’Shea. Nació en Santander y pudo ser una chica elegante de la alta sociedad española. Pero eligió convertirse en una ejecutiva implacable y en la heredera de la conducción del banco más destacado de su país.

Ana Botín se para enfrente de medio centenar de periodistas de América Latina para contar, como lo hace cada año, la actualidad del banco que dirige. Su voz suena fuerte en el moderno auditorio de la Ciudad Santander. Es un complejo ubicado a sesenta kilómetros de Madrid en el que trabajan 25.000 administrativos del banco, con la cancha de golf más grande de la capital española, parques gigantescos y guarderías suficientes para todos los hijos de la planta de empleados. “Es seis veces más grande que El Vaticano”, dice uno de los directores mientras presenta a su jefa, madre de tres hijos, y que no tiene problemas en pasar del castellano al portugués, y del portugués al inglés, idioma que habla sin mayores inconvenientes.

Antes de conducir el banco de la familia, lideró la filial británica y sólo el desatino del Brexit que acaba de destruir la carrera de Theresa May la hizo volver a pasar más días en Santander que en Londres. “Hablo fuerte porque, entre tantos hombres, siempre se me hacía difícil lograr que me escucharan”, explica Ana Botín, insertando en su discurso financiero varias invocaciones a la cuestión de género.

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“A veces a las mujeres nos falta esa confianza que a los hombres les sobra”, agrega y pasa a los datos concretos. El Grupo Santander, un gigante corporativo que opera a gran escala en diez países con 200.000 empleados y 144 millones de clientes, tiene a las mujeres ocupando la mitad de su estructura. Claro que ese porcentaje se reduce al 20% cuando se habla de los puestos jerárquicos. “Todavía tenemos mucho por hacer”, concluye la presidenta a la que sus colaboradores llaman “La Controller”. Un apelativo que no le molesta ya que, según confiesa, sus conceptos de trabajo preferidos son el simple, doble y triple check.

Arranca con las elecciones del último domingo, las que marcan la preocupación de todos los europeos. Y señala enseguida el peligro del populismo. “Europa es el mejor sistema que conocemos porque combina crecimiento con inclusión”. Esta idea la repetirá varias veces. Sobre todo cuando pasa a explicar las perspectivas del Banco Santander para América Latina, una región de 600 millones de habitantes que impulsó a más de 60 millones de esos ciudadanos a las clases medias pero que tiene en zonas de exclusión a un tercio de su población. Allí es adonde apunta la estrategia del banco.

La octava mujer más poderosa del mundo, como acaba de ranquearla la revista Forbes, habla del crecimiento de la banca digital en México; de las posibilidades de despegue en Brasil y le pide un crecimiento de dos dígitos al presidente del Santander en Chile. Pero se detiene especialmente cuando se le pregunta sobre la perspectiva del banco en la Argentina, sobre todo ahora que llegan las elecciones presidenciales y que el populismo tiene una nueva chance de alcanzar el poder embarcado en la candidatura de Cristina Kirchner.

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“Tenemos confianza en que las cosas se están haciendo en forma correcta”, dice Ana Botín sobre la situación actual de la Argentina. No profundiza en los efectos de la última devaluación del peso y sólo se detiene para indicar que “la inflación es el impuesto más alto que pagan las sociedades”. Es extremadamente prudente y señala que las políticas del banco no cambiarán sea cual fuera el resultado de las elecciones. “Lo importante es el manejo de los tiempos y como se resuelven los desequilibrios para volver a crecer con inclusión”.

Para Ana Botín, uno de los objetivos económicos más importantes que debe tener un país es la sustentabilidad fiscal. Por eso, cuando habla de la Argentina interviene brevemente el presidente del Santander en el país, Enrique Cristofani, quien aporta precisiones sobre la baja del gasto público en la gestión de Mauricio Macri para llegar al equilibrio fiscal en medio de la presión del dólar.

La Argentina es el país económicamente más complicado de los grandes latinoamericanos como Brasil, México y Chile que componen el universo del Santander. Sin embargo, tiene un dato a su favor. Será el primero en impulsar en su territorio el proyecto Open Bank, el banco enteramente digital que viene preparando el ex Google, Federico Procaccini. El lanzamiento será antes de fin de año y estará dirigido básicamente al público millennial, mucho más adaptado al funcionamiento digital a través de la explosión de los teléfonos celulares.

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“Los bancos podemos empoderar a las personas a través de las herramientas digitales”, concluye Ana Botín, antes de terminar su exposición en la primavera madrileña. Productividad, sustentabilidad pero también empoderamiento, diversidad y perspectiva de género. Ese es el lenguaje que distingue a la presidenta del banco más importante de Iberoamérica. Los tiempos han cambiado también para esta mujer que ha recorrido un largo camino de ser la cuarta generación de banqueros de su familia a buscar el futuro de la compañía en el consumo de los doscientos millones de latinoamericanos más postergados del continente lejano que descubrió Cristóbal Colón.

NE